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sábado, 17 de agosto de 2024

 "PRESENCIA INVISIBLE: JESÚS EN EL CAMINO DE LA  FE."

"Huellas de Esperanza”: La Lección de Samuel (nombre ficticio). Es una historia real y vivificante que, al conocerla en su realidad, la escribo bajo su autorización y hoy la comparto contigo.

En un pequeño pueblo de un valle sereno, vivía un joven llamado Samuel, conocido por su carácter amable y su profunda fe. Sin embargo, Samuel atravesaba una de las etapas más difíciles de su vida, la enfermedad con cáncer terminal de su madre, a quien amaba profundamente, lo estaba consumiendo a la par, los problemas económicos que apremiaban y el reciente abandono de la esposa, le dio la sensación de estar solo, una soledad que se hizo más intensa con cada día que pasaba. Y cada día, al mirar el cielo en busca de consuelo, sólo encontraba nubes grises y desolación. A pesar de sus esfuerzos por mantener la fe, Samuel se sentía abrumado. Oraba cada día pidiendo fortaleza y solución a sus problemas, pero las respuestas parecían no llegar nunca. Las noches eran largas, llenas de incertidumbre y desesperación. Comenzó a preguntarse si Dios realmente estaba escuchando sus plegarias o si, de alguna manera, se había olvidado de él.

A pesar de su devoción y de las oraciones que ofrecía a diario, Samuel comenzó a asentir que sus plegarias no eran escuchadas. La ausencia de respuestas y el peso de sus problemas, le hicieron dudar de la presencia de Jesús en su vida. Que contrariamente; a pesar de orar con fervor, no sentía la presencia de Jesús en sus momentos más oscuros. Un día, optó salir de casa para recorrer un sendero en la montaña, para reflexionar, buscar paz y claridad, era un lugar que solía visitar para meditar, queriendo dejar atrás los problemas que lo agobiaban, caminó durante horas, sintiendo cómo el frío viento helaba sus esperanzas y cómo la soledad parecía abrazarlo.

Al regresar, exhausto, se detuvo para descansar en una piedra grande que ofrecía comodidad cerca de un riachuelo. Mientras miraba hacia el horizonte, sintió una profunda tristeza y una creciente desesperanza. En ese momento, con lágrimas en los ojos, Samuel se preguntó por qué no podía sentir la presencia de Jesús. ¿Acaso estaba solo en sus luchas? Sin embargo; observa en el camino arenoso algo que, según él, cuando pasó por ese lugar no había ninguna huella aparentemente humana, reconoce que no eran las suyas. Muy sorprendido recurre al sacerdote del pueblo para contarle lo acontecido, quien le explicó que esas huellas eran señales divinas que representaban las pisadas de Jesús, quien lo había acompañado en cada paso del camino, que no lo había abandonado, aunque Samuel no lo hubiera sentido. Samuel, tocado por las palabras del sacerdote comenzó a entender que su fe había flaqueado en medio de la desgracia, pero la presencia de Jesús había sido constante, guiándolo a través de sus dificultades. Con renovada esperanza regresó a su casa con su corazón más abierto y una fe fortalecida, sabiendo que, incluso en sus momentos más oscuros, nunca estuvo verdaderamente solo. “Es que a veces, las pruebas nos ciegan, pero eso no significa que no estemos acompañados por el Señor".

La noche cayó, y Samuel, aún abatido, se quedó allí hasta que la luna comenzó a brillar. A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol se sintió renovado por la oración y la meditación. Esta práctica le ayudó a ver el panorama de manera diferente porque no solo le ofrecieron claridad, sino que también le ayudaron a aceptar la dura realidad de la enfermedad de su madre con una nueva perspectiva. Aunque el desenlace podría ser doloroso y pronto, entendió que, mientras haya vida, siempre hay esperanza y oportunidades para encontrar soluciones.

A pesar de que la vida parecía negativa en ese momento, Samuel descubrió que podía dar giros inesperados que llenan el alma. Retomó el camino de la fe, entendiendo que nunca debe abandonarse, porque es Dios quien conduce nuestro destino y tiene el control de nuestra vida. Con esta nueva perspectiva, Samuel encontró esperanza en medio de su dolor y siguió adelante con una renovada confianza en la misericordia y guía divina.

Samuel aprendió a enfrentar cada desafío con la certeza de que Jesús caminaba con él, marcando el sendero de su vida, comprendió que, incluso en los momentos más oscuros, Dios nunca lo había abandonado. La presencia divina, aunque a veces invisible, estaba guiando sus pasos y fortaleciendo su fe. Se dio cuenta de que la vida puede parecer negativa en ocasiones, pero siempre hay posibilidades de transformación y crecimiento.

Renovado en espíritu, Samuel abrazó el mensaje de amor y fe que Dios le ofrecía. Con un corazón lleno de esperanza, decidió seguir adelante con confianza y gratitud. Sabía que, a pesar de las dificultades y los desafíos, el amor de Dios era una lámpara que iluminaba su camino y le daba fuerzas para continuar.

Con esta infinita comprensión, Samuel volvió a su vida con una fe más profunda y un corazón lleno de amor, sabiendo que el viaje de la vida, por difícil que sea, siempre está lleno de la luz y la guía de Dios. Y así, continuó adelante con la certeza de que su vida estaba en las manos de un amoroso y compasivo Creador, quien nunca deja de conducirnos hacia la esperanza y la plenitud.

“En cada prueba”, pensó Samuel, Dios nos recuerda su amor infinito y su presencia constante que no estamos solos, incluso cuando no lo sentimos. La fe nos sostiene y el amor divino nos guía. Confiemos en que, en medio de la tormenta, Dios está con nosotros, transformando nuestras dificultades en oportunidades para crecer y encontrar paz.”

“Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja”

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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