el señor es mi pastos

nada me faltara

miércoles, 22 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 30. El relato de la Institución y la Consagración

Llegamos al momento más sagrado de toda la Santa Misa. El sacerdote repite las mismas palabras que Jesucristo pronunció en la Última Cena, cuando tomó el pan y el vino y los entregó a sus discípulos.

En ese instante, por la acción del Espíritu Santo y el ministerio del sacerdote, se realiza el gran misterio de nuestra fe: el pan y el vino dejan de ser pan y vino y se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. A este cambio la Iglesia lo llama transubstanciación.

Aunque nuestros ojos siguen viendo pan y vino, su realidad más profunda ha cambiado. Jesús está realmente presente: vivo, glorioso y entero en cada especie consagrada.

Por eso, durante la Consagración vivimos este momento con profundo silencio, recogimiento y adoración. Si nuestra salud lo permite, nos arrodillamos como signo de humildad y reverencia ante Cristo, que se hace presente en el altar para renovar sacramentalmente el único sacrificio de la Cruz por nuestra salvación.

No es momento para conversar, distraerse o mirar alrededor. Toda nuestra atención debe dirigirse al Señor, que viene a quedarse con nosotros bajo las especies del pan y del vino.

Reflexión: Cada vez que participamos en la Santa Misa, estamos presentes ante el mismo sacrificio redentor de Cristo. Abramos nuestro corazón y adoremos con fe a Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía.

Cita bíblica: “Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes.” (Lucas 22, 19-20)

PASO 31. La Elevación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo

Después de la Consagración, el sacerdote eleva primero la Hostia consagrada y luego el Cáliz con la Preciosísima Sangre de Cristo. Este gesto permite a toda la asamblea contemplar y adorar a Jesús, realmente presente en la Eucaristía.

Es un momento de profunda adoración. La Iglesia nos invita a fijar nuestra mirada en el Señor con fe, amor y gratitud. Muchos fieles, como expresión de su devoción, inclinan la cabeza o dicen en silencio una breve oración, por ejemplo: "Señor mío y Dios mío".

En este instante no vemos simplemente un pedazo de pan o una copa de vino, sino a Jesucristo vivo, que se entrega por nuestra salvación.

Reflexión: Contemplemos con fe a Jesús presente en el altar. Que nuestra mirada sea una verdadera profesión de fe y nuestro corazón responda con amor y adoración.

Cita bíblica: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos." (Filipenses 2, 10)

PASO 32. La Aclamación del Misterio de la Fe

Después de la Consagración, el sacerdote proclama:

"Éste es el Misterio de la fe."

Entonces toda la asamblea responde con una de las aclamaciones previstas por la Iglesia, proclamando la muerte, resurrección y gloriosa venida de Cristo.

Con esta respuesta, los fieles expresan que creen en el gran misterio que acaba de realizarse sobre el altar: Jesucristo murió por nosotros, resucitó y permanece realmente presente en la Eucaristía.

No repetimos unas palabras de memoria; hacemos una verdadera profesión de fe en el Señor resucitado.

Reflexión: Respondamos con voz firme y corazón creyente. Cada vez que proclamamos el Misterio de la Fe renovamos nuestra esperanza en Cristo, que vive y vendrá de nuevo.

Cita bíblica: "Cada vez que comen de este pan y beben de esta copa, anuncian la muerte del Señor hasta que Él venga." (1 Corintios 11, 26)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

martes, 21 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 25. La invitación del sacerdote para que toda la Iglesia participe espiritualmente en el sacrificio de Cristo.

Después de preparar el pan y el vino, el sacerdote se dirige a toda la asamblea diciendo:

“Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.”

Con estas palabras invita a todos los fieles a unirse espiritualmente al sacrificio de Cristo que será ofrecido sobre el altar.

La comunidad responde:

“El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.”

Este diálogo nos recuerda que la Santa Misa no es una acción exclusiva del sacerdote. Toda la Iglesia participa ofreciendo su vida, sus alegrías, sus sufrimientos, su trabajo y sus oraciones, uniéndolos al sacrificio de Jesucristo.

Reflexión: Respondamos con fe y convicción, ofreciendo al Señor todo lo que somos y todo lo que vivimos, para que Él lo transforme con su gracia.

Cita bíblica “Presenten sus cuerpos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios; éste es el culto espiritual que deben ofrecer.» (Romanos 12,1)

26. La oración sobre las ofrendas

Después de la respuesta de la asamblea, el sacerdote extiende las manos y pronuncia la Oración sobre las Ofrendas.

En esta oración pide al Padre que reciba con agrado los dones que la Iglesia presenta y que los santifique para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. También ruega para que quienes participamos en la Eucaristía recibamos los frutos espirituales de este santo sacrificio.

Cada Misa tiene una oración propia, según el tiempo litúrgico o la celebración del día. Con ella concluye la preparación de las ofrendas y comienza la Plegaria Eucarística.

Reflexión: Presentemos al Señor nuestra vida junto con el pan y el vino, confiando en que Él transformará nuestra ofrenda en una fuente de gracia y salvación.

Cita bíblica: «Que mi oración suba hasta ti como el incienso, y mis manos levantadas como la ofrenda de la tarde.» (Salmo 141 (140), 2)

 PASO 27.- El Prefacio

Con la Oración sobre las Ofrendas concluye la preparación de los dones. Inmediatamente comienza la Plegaria Eucarística, cuyo primer momento es el Prefacio.

El sacerdote inicia un hermoso diálogo con la asamblea:

Sacerdote: “El Señor esté con ustedes.”

Pueblo: “Y con tu espíritu.”

Sacerdote: “Levantemos el corazón.”

Pueblo: “Lo tenemos levantado hacia el Señor.”

Sacerdote: “Demos gracias al Señor, nuestro Dios.”

Pueblo: “Es justo y necesario.”

Con este diálogo somos invitados a elevar el corazón hacia Dios y a darle gracias por todas las maravillas que ha realizado por nuestra salvación. A continuación, el sacerdote proclama el Prefacio, una solemne oración de acción de gracias que cambia según el tiempo litúrgico o la fiesta que se celebra.

Reflexión: Participemos con atención en este diálogo, elevando verdaderamente nuestro corazón al Señor y preparándonos para el momento más sagrado de la Santa Misa.

“Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.” (Salmo 136 (135), 1)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

lunes, 20 de julio de 2026

 HOMENAJE AL PADRE JUAN VEGA BALDIVIEZO

El 20 de julio 2025 tiene para los Centinelas del Divino Niño un profundo significado. Mientras celebramos con alegría el cumpleaños del Divino Niño y el 26.º aniversario de nuestra obra, también recordamos, con fe y gratitud, que hace un año el Señor llamó a la Casa del Padre a quien fue nuestro guía espiritual durante casi dos décadas: el PADRE JUAN VEGA BALDIVIEZO.

Hoy elevamos una oración por su eterno descanso y rendimos homenaje a su vida sacerdotal, agradeciendo a Dios el regalo de haber contado con un pastor que nos acompañó, nos enseñó y nos ayudó a crecer en la fe.

Hay personas que Dios pone en nuestro camino para sembrar fe, esperanza y amor. Para los Centinelas del Divino Niño, una de ellas fue el padre JUAN VEGA BALDIVIEZO.

Fue nuestro guía espiritual, nuestro confesor y un verdadero pastor. Junto a él recorrimos las comunidades de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, llevando el mensaje de Jesucristo, participando en la Santa Misa y compartiendo con niños, familias y pobladores el alimento material y el alimento espiritual de la Palabra de Dios.

Conocimos a un sacerdote humilde, la casa que lo vio nacer, tan sencillo, cercano a la gente y profundamente comprometido con los más necesitados. No sólo predicaba el Evangelio; lo vivía con su ejemplo. Caminaba con su pueblo, compartía sus alegrías y sufrimientos, hasta madrugaba para hacer su famosa sopa de gallina criolla, y nos enseñó que servir a Dios es servir al hermano en cualquier circunstancia.

La Providencia quiso llamarlo a su presencia precisamente el 20 de julio, el mismo día en que celebramos el cumpleaños del Divino Niño y el aniversario de nuestro grupo. Hoy, al cumplirse un año de su partida y al celebrar nuestros 26 años de vida, cuando emprendimos esta misión inspirados en la ternura del Divino Niño Jesús, actualmente convertidos ya en Fundación CENDINI-Centinelas del Divino Niño ubicados en el Dpto. de Tarija, sentimos que su presencia sigue acompañándonos. Él no pudo ver este nuevo florecimiento de la obra, pero estamos seguros de que, desde el cielo, contempla con alegría los frutos de aquella semilla que ayudó a sembrar.

Padre Juan, gracias por creer en nosotros cuando apenas comenzábamos. Gracias por orientarnos, corregirnos, alentarnos y enseñarnos que la evangelización nace del amor, la humildad y el servicio.

Nuestra familia de los Centinelas del Divino Niño, hoy fortificada jurídicamente con la creación de la Fundación CENDINI, continuará sirviendo y seguiremos caminando con el mismo espíritu que usted nos transmitió: anunciar a Cristo, servir a los más necesitados y hacer del amor una forma de vida.

¡Gracias, padre Juan! Su misión continúa en nosotros. Que el Señor le conceda el descanso eterno y que brille para usted la luz perpetua. Amén.

26 AÑOS CAMINANDO CON EL DIVINO NIÑO JESÚS.

VEINTISÉIS AÑOS DE ORACIÓN, SERVICIO Y ESPERANZA

Con gratitud:

FUNDACIÓN CENDIN CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO

 

domingo, 19 de julio de 2026

  "PRIMERO APRENDIMOS A ORAR Y LUEGO A SERVIR…

 El alma de los Centinelas del Divino Niño.

Lo que distingue a esta obra no es sólo la ayuda material, sino que durante 26 años han servido reservadamente, sin buscar reconocimiento.

26 años de oración y acción… una obra de Dios.

Hace 26 años emprendimos un camino bajo un lema que nunca ha cambiado: "Oración y Acción".

Primero aprendimos a orar y luego a servir. Porque la verdadera oración siempre nos lleva al encuentro del hermano que sufre.

Durante estos 26 años caminamos silenciosamente, casi en el anonimato. Sin buscar aplausos ni reconocimientos, asistimos a enfermos renales, personas con cáncer, familias vulnerables, niños, adultos mayores y a todos aquellos que Dios fue poniendo en nuestro camino porque la obra de Dios no es restringida.

Cuando la obra de Dios es buena, ésta se expande y cada ayuda nace del amor. Un alimento, un medicamento, una palabra de aliento, una visita, una oración, un abrazo o una herramienta para que una familia pudiera salir adelante. Todo fue posible gracias a la Providencia de Dios y al corazón generoso de cada Centinela movido por ese amor al Divino Niño.

El Divino Niño Jesús nos tomó de la mano desde el primer día y, como todo niño que ama profundamente, nunca nos soltó. Él ha guiado cada paso de esta obra durante estos 26 años, mostrándonos que la grandeza está en servir con humildad y amar sin esperar nada a cambio.

Hoy seguimos siendo los Centinelas del Divino Niño Jesús, fortalecidos jurídicamente como Fundación CENDINI, pero con la misma misión que inspiró nuestros primeros pasos: anunciar a Jesús en su infancia, darlo a conocer, fomentar esta hermosa devoción, enseñar a amarlo y servir al prójimo con un corazón lleno de fe, esperanza y caridad.

Creemos firmemente que contemplar a Jesús desde su nacimiento hasta los doce años es descubrir la sencillez, la ternura, la obediencia y el inmenso amor de Dios hecho Niño. Él continúa tocando corazones, transformando vidas y llamándonos a vivir el Evangelio con alegría y humildad.

Hoy, después de más de un cuarto de siglo de oración y servicio, renovamos nuestro compromiso de seguir siendo testigos del amor del Divino Niño Jesús. Como Fundación CENDINI, continuaremos trabajando para que esta obra siga creciendo, llevando esperanza a quienes sufren, tendiendo la mano a los más necesitados y anunciando, con nuestras palabras y nuestras obras, que Jesús vive en medio de su pueblo.

Que el Divino Niño Jesús y su Santísima Madre, la Virgen María, bendigan esta misión y a todos quienes, con generosidad y fe, forman parte de ella. Que cada obra realizada sea siempre para la mayor gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.

Pero nuestra espiritualidad no termina allí; al contrario, trasciende y se proyecta mucho más allá. Quien conoce de cerca la vida de los Centinelas descubre que todo nuestro caminar conduce también al amor filial por la Santísima Virgen María. Ella, como Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompaña, intercede por nuestras necesidades y presenta nuestras oraciones a su Hijo amado. Bajo su protección aprendemos a seguir a Cristo con fidelidad, llevando su amor a cada persona que encontramos en el camino. Todo este camino puede resumirse en el lema que nos ha acompañado desde nuestros inicios y que continúa inspirando cada una de nuestras obras: "Oración y acción al servicio de los más necesitados." No son sólo palabras; es un compromiso de vida que refleja el espíritu con el que nacieron los Centinelas del Divino Niño Jesús y que hoy permanece vivo y reforzado en la Fundación CENDINI. 

Con la mirada puesta en Jesús, el Divino Niño, y bajo el amparo de la Santísima Virgen María, seguiremos caminando con fe, esperanza y amor, sirviendo a Dios en el rostro de nuestros hermanos más necesitados.

Veintiséis años después, seguimos caminando tomados de la mano del Divino Niño… y mientras Él nos sostenga, nuestra misión continuará…

"El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el servidor de todos." (Marcos 10,43)

CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO

legalmente FUNDACIÓN CENDINI

sábado, 18 de julio de 2026

 26 AÑOS CAMINANDO CON EL DIVINO NIÑO JESÚS.

TODO COMENZÓ CON UN DESAYUNO...

Hace 26 años, dos hermanas naturales de Roboré una provincia de Santa Cruz de la Sierra, devotas del Divino Niño Jesús, llegaron con un sueño sencillo, pero inmenso: compartir un desayuno con 20 niños y llevarles un mensaje de amor y esperanza.

Nadie imaginaba que aquel pequeño gesto de solidaridad sería la semilla de una obra que, con el paso de los años, crecería gracias a la Providencia de Dios y al compromiso de muchas personas de buen corazón.

Al principio no contábamos con el acompañamiento permanente de un sacerdote, pero nunca dejamos de confiar en que el Señor iba abriendo el camino.

Con el tiempo llegaron grandes pastores que marcaron nuestra historia, con el Padre Simón Díaz comenzamos a visitar comunidades, barrios alejados, asentamientos, incluso aquellas ubicadas en lugares montañosos como la Falda de la Queñua, donde muchas familias esperaban la celebración de la Santa Misa y una palabra de esperanza. Asimismo, con el paso de los años, nuestra misión fue llegando cada vez más lejos. Recorrimos el valle tarijeño, visitamos comunidades como El Cóndor y muchas otras poblaciones alejadas, además de barrios periféricos de la ciudad, llevando la presencia del Divino Niño Jesús, la Palabra de Dios, la celebración de la Santa Misa, el acompañamiento espiritual y la solidaridad con quienes más lo necesitaban.

Cada camino recorrido, muchas veces por senderos difíciles y largas distancias, fue una oportunidad para compartir la fe, fortalecer a las familias y recordarles que Dios nunca abandona a sus hijos. Así, paso a paso, el Divino Niño fue abriendo puertas y preparando corazones, mientras los Centinelas respondíamos a su llamado con nuestro lema de siempre: "Oración y Acción"

Después, durante casi veinte años, el padre Juan Vega Baldiviezo fallecido hace un año y justo fue llamado a la Casa del Padre el día del cumpleaños del Divino Niño, nos acompañó como guía espiritual por muchos años. Junto a él recorrimos muchas comunidades que correspondían a su jurisdicción como Párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, llevando la imagen del Divino Niño Jesús, la Eucaristía, la Palabra de Dios y el servicio a los más necesitados.

Hoy seguimos acompañados por el padre Marcelo Barrena, quien continúa fortaleciendo espiritualmente esta obra que Dios ha sostenido durante más de un cuarto de siglo.

Con el paso de los años, nuestra misión fue llegando cada vez más lejos. Recorrimos el valle tarijeño, visitamos comunidades como El Cóndor y muchas otras poblaciones alejadas, además de barrios periféricos de la ciudad, llevando la presencia del Divino Niño Jesús, la Palabra de Dios, la celebración de la Santa Misa, el acompañamiento espiritual y la solidaridad con quienes más lo necesitaban.

El Señor también nos abrió caminos más allá de la jurisdicción de Tarija. Nuestra misión llegó hasta Camargo, convencidos de que la obra de Dios no conoce fronteras. Cuando Él llama, el servicio trasciende los límites geográficos y el Evangelio encuentra nuevos corazones donde sembrar esperanza.

Así comprendimos que esta misión no pertenecía a nosotros, sino al Divino Niño Jesús. Él fue quien abrió cada puerta, guió cada paso y nos enseñó que el amor de Dios siempre tiende a expandirse, llegando cada vez más lejos para abrazar a quienes esperan una palabra de fe, un gesto de solidaridad y la certeza de que nunca están solos.

Nuestra misión también nos llevó a compartir con quienes más necesitaban una presencia fraterna y una palabra de esperanza. Visitamos hospitales llevando alimento a los familiares de enfermos, orfanatos, casas de acogida y asilos de ancianos, recorrimos calles entregando comida, ropa y un chocolate caliente para mitigar el invierno, donde descubrimos el rostro de Cristo en cada niño, en cada familiar afligido, persona abandonada y en cada adulto mayor. Y todo aquello casi en silencio.

No llegábamos únicamente con una ayuda material; llevábamos nuestro tiempo, nuestra escucha, una oración, una sonrisa y el cariño del Divino Niño Jesús. Comprendimos que, muchas veces, el regalo más valioso no era lo que podíamos entregar con las manos, sino el amor con el que abríamos el corazón.

Cada visita fortalecía nuestra convicción de que servir al prójimo es servir al mismo Cristo, y que ninguna obra de misericordia es pequeña cuando se realiza con fe y amor.

Nuestro trabajo también fue creciendo. Ya no sólo compartíamos alimentos, ropa o medicamentos. Comprendimos que ayudar también significa brindar oportunidades para que las personas puedan salir adelante con el fruto de su propio esfuerzo.

Así nacieron nuestros pequeños emprendimientos solidarios. Según las habilidades y necesidades de cada familia, entregábamos un horno para la elaboración del pan, una cocina, un carrito para la venta de sándwich u otras herramientas de trabajo, acompañadas de los insumos necesarios para iniciar la actividad y vimos que esta obra era positiva.

Más que una ayuda material, buscábamos devolver la esperanza, fortalecer la dignidad de las personas y brindarles la posibilidad de generar un sustento para sus hogares. Porque creemos que la mejor ayuda es aquella que permite a una familia crecer con su propio trabajo, sostener a sus hijos y construir un futuro con esfuerzo y esperanza.

A lo largo de estos 26 años realizamos numerosas campañas solidarias, sostenidas exclusivamente con el aporte generoso de cada uno de los Centinelas. Nunca esperamos grandes recursos; bastó la voluntad de servir y la confianza en la Providencia de Dios para llegar a quienes más lo necesitaban.

Entre las innumerables bendiciones que el Divino Niño Jesús ha derramado sobre esta obra, recibimos un regalo que marcará nuestro futuro: la generosa donación de un lote de terreno de 300 metros cuadrados, realizada por la señora Paulina Gareca como pilar para emprender más proyectos.

Este noble gesto de desprendimiento y amor al prójimo no constituye únicamente la entrega de un bien material; representa una siembra de esperanza para las generaciones venideras. En ese lugar soñamos con seguir desarrollando la misión que Dios nos ha confiado: evangelizar, servir a los más necesitados, fortalecer la fe y ampliar las obras de misericordia que durante 26 años han caracterizado a los Centinelas del Divino Niño, hoy fortalecidos jurídicamente como Fundación CENDINI.

Elevamos nuestra más sincera gratitud a la señora Paulina Gareca por confiar en esta obra de Dios. Pedimos al Divino Niño Jesús que bendiga abundantemente su vida y la de su familia, y que este gesto de generosidad produzca frutos de amor, solidaridad y esperanza para muchas personas.

Por otra parte, entre los gestos que más nos conmueven está la donación de un cilindro de oxígeno, que hoy continúa prestando un invaluable servicio a enfermos terminales y a personas que lo requieren en momentos de extrema necesidad. Este servicio permanece abierto a toda la comunidad, porque creemos que el verdadero amor cristiano no hace distinciones cuando se trata de aliviar el sufrimiento del prójimo.

Así hemos caminado durante 26 años: compartiendo lo que Dios pone en nuestras manos, convencidos de que la solidaridad, cuando nace del amor, siempre encuentra la manera de multiplicarse.

Resaltar que cada obra se sostenía con cada ayuda del aporte generoso de los propios Centinelas, que siempre ofrecieron su granito de arena con amor y desprendimiento.

Hoy celebramos con inmensa gratitud estos 26 años de oración y acción. Seguimos siendo los Centinelas del Divino Niño, con la misma espiritualidad, el mismo compromiso y el mismo deseo de servir.

La diferencia es que ahora esta obra se fortalece jurídicamente como Fundación CENDINI, para ampliar su campo de acción y llegar a más personas, sin perder jamás la esencia que le dio origen.

Porque nuestra misión sigue siendo la misma: amar a Dios, servir al prójimo y acompañar espiritualmente a quienes más lo necesitan.

¡Gracias! Divino Niño Jesús, por estos 26 años. Lo mejor de esta historia aún está por escribirse...

CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO

jurídicamente FUNDACIÓN CENDINI

 

viernes, 17 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 22. La presentación de las ofrendas

Con la presentación de las ofrendas comienza la Liturgia Eucarística.

Se llevan al altar el pan y el vino, que por la acción del Espíritu Santo se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Junto con estos dones, también presentamos nuestra vida: nuestras alegrías, preocupaciones, trabajos, sufrimientos y esperanzas.

En este momento también se realiza la colecta u ofrenda económica, destinada al sostenimiento de la Iglesia, sus obras pastorales y la ayuda a los más necesitados. No es una limosna obligatoria, sino una expresión de amor, gratitud y corresponsabilidad con la misión de la Iglesia. Cada uno ofrece según sus posibilidades y con generosidad.

Mientras el sacerdote prepara el altar, toda la comunidad se dispone interiormente para el gran sacrificio eucarístico.

Reflexión: El Señor no mira la cantidad de nuestra ofrenda, sino el amor con que la entregamos. Cada vez que ofrecemos algo a Dios, también le ofrecemos nuestro corazón.

Cita bíblica: «Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres.» (1 Timoteo 2, 1)

PASO 23. El lavado de las manos

Después de preparar el altar y recibir los dones, el sacerdote realiza el lavado de las manos, conocido en la liturgia como el lavabo.

Mientras el ministro vierte un poco de agua sobre sus manos, el sacerdote ora en voz baja:

“Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.”

Este gesto no tiene un fin de higiene, sino un profundo significado espiritual. Expresa el deseo de presentarse con un corazón limpio para celebrar dignamente el santo sacrificio de la Eucaristía.

Este momento también nos invita a examinar nuestro interior y a pedir al Señor que purifique nuestros pensamientos, palabras y obras, para participar con sinceridad y devoción en la Santa Misa.

Reflexión: Antes de acercarnos al misterio del altar, pidamos a Dios que limpie nuestro corazón y nos conceda vivir esta celebración con humildad, fe y amor.

Cita bíblica: “Lavo mis manos en señal de inocencia y camino alrededor de tu altar, Señor.” (Salmo 26 (25), 6)

PASO 24. La invitación a la oración

Después del lavado de las manos, el sacerdote se vuelve hacia la asamblea y dice:

 “Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.”

Todos respondemos:

“El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.”

Con este diálogo, toda la comunidad se une al sacerdote para ofrecer a Dios el sacrificio de Cristo. La Santa Misa no es solo la oración del sacerdote; es la ofrenda de toda la Iglesia, donde cada fiel presenta al Señor su vida, su trabajo, sus alegrías, sus sufrimientos y sus intenciones.

Respondamos estas palabras con atención y fe, conscientes de que también nosotros participamos en el sacrificio redentor de Jesucristo.

Reflexión: En este momento, ofrezcamos al Señor nuestro corazón, nuestra familia, nuestro trabajo y todo lo que somos, uniéndolo al sacrificio perfecto de Cristo por la salvación del mundo.

Cita bíblica:

"Ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa y agradable a Dios; este es su culto espiritual." (Romanos 12, 1)

Si el Señor así lo permite seguiremos con Toque Espiritual...

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

jueves, 16 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA DE LA PALABRA

 PASO 20.-  El Credo: profesamos nuestra fe

Después de escuchar la Palabra de Dios y la homilía, toda la asamblea responde proclamando el Credo, también llamado Profesión de Fe.

Al recitarlo, no repetimos palabras de memoria; afirmamos públicamente en quién creemos. Cada frase resume las verdades fundamentales de nuestra fe cristiana: creemos en Dios Padre, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Iglesia, en el perdón de los pecados, en la resurrección y en la vida eterna.

Los domingos y solemnidades normalmente se reza el Credo Niceno-Constantinopolitano, aunque en algunas celebraciones también puede utilizarse el Credo de los Apóstoles.

Cuando pronunciamos las palabras: “Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, hacemos una inclinación de cabeza en señal de veneración por el misterio de la Encarnación del Señor.

Recemos el Credo con atención y convicción, porque cada palabra es una proclamación de la fe que hemos recibido en el Bautismo.

Reflexión: Cada vez que proclamamos el Credo renovamos nuestro compromiso de vivir como verdaderos discípulos de Cristo.

Cita bíblica: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.» (Romanos 10, 9)

21. La oración universal o de los fieles. Aquí concluye la Liturgia de la Palabra.

Después de profesar nuestra fe, elevamos a Dios nuestras súplicas en la Oración Universal, también llamada Oración de los Fieles.

En este momento, la Iglesia presenta sus necesidades y las del mundo entero. Generalmente se ora:

Por la Iglesia.

Por el Papa, los obispos y los sacerdotes.

Por las autoridades y quienes gobiernan.

Por los enfermos, los pobres y quienes sufren.

Por la comunidad reunida y sus necesidades.

A cada intención respondemos con una breve invocación, como: “Te rogamos, Señor” o “Escúchanos, Señor”.

Esta oración nos recuerda que la Eucaristía no es sólo para pedir por nosotros mismos, sino para interceder por toda la humanidad.

Reflexión: Un corazón cristiano aprende a orar no solo por sus propias necesidades, sino también por las de los demás.

“Oren unos por otros para que sean sanados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.” Santiago 5, 16

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

  LA VIÑA DEL SEÑOR Y LOS FRUTOS DE NUESTRA VIDA En el Evangelio de Mateo 21,33-46, Jesús cuenta la parábola de un propietario que plantó ...