LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA DE LA PALABRA

 PASO 20.-  El Credo: profesamos nuestra fe

Después de escuchar la Palabra de Dios y la homilía, toda la asamblea responde proclamando el Credo, también llamado Profesión de Fe.

Al recitarlo, no repetimos palabras de memoria; afirmamos públicamente en quién creemos. Cada frase resume las verdades fundamentales de nuestra fe cristiana: creemos en Dios Padre, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Iglesia, en el perdón de los pecados, en la resurrección y en la vida eterna.

Los domingos y solemnidades normalmente se reza el Credo Niceno-Constantinopolitano, aunque en algunas celebraciones también puede utilizarse el Credo de los Apóstoles.

Cuando pronunciamos las palabras: “Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, hacemos una inclinación de cabeza en señal de veneración por el misterio de la Encarnación del Señor.

Recemos el Credo con atención y convicción, porque cada palabra es una proclamación de la fe que hemos recibido en el Bautismo.

Reflexión: Cada vez que proclamamos el Credo renovamos nuestro compromiso de vivir como verdaderos discípulos de Cristo.

Cita bíblica: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.» (Romanos 10, 9)

21. La oración universal o de los fieles. Aquí concluye la Liturgia de la Palabra.

Después de profesar nuestra fe, elevamos a Dios nuestras súplicas en la Oración Universal, también llamada Oración de los Fieles.

En este momento, la Iglesia presenta sus necesidades y las del mundo entero. Generalmente se ora:

Por la Iglesia.

Por el Papa, los obispos y los sacerdotes.

Por las autoridades y quienes gobiernan.

Por los enfermos, los pobres y quienes sufren.

Por la comunidad reunida y sus necesidades.

A cada intención respondemos con una breve invocación, como: “Te rogamos, Señor” o “Escúchanos, Señor”.

Esta oración nos recuerda que la Eucaristía no es sólo para pedir por nosotros mismos, sino para interceder por toda la humanidad.

Reflexión: Un corazón cristiano aprende a orar no solo por sus propias necesidades, sino también por las de los demás.

“Oren unos por otros para que sean sanados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.” Santiago 5, 16

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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