LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 30. El relato de la Institución y la Consagración

Llegamos al momento más sagrado de toda la Santa Misa. El sacerdote repite las mismas palabras que Jesucristo pronunció en la Última Cena, cuando tomó el pan y el vino y los entregó a sus discípulos.

En ese instante, por la acción del Espíritu Santo y el ministerio del sacerdote, se realiza el gran misterio de nuestra fe: el pan y el vino dejan de ser pan y vino y se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. A este cambio la Iglesia lo llama transubstanciación.

Aunque nuestros ojos siguen viendo pan y vino, su realidad más profunda ha cambiado. Jesús está realmente presente: vivo, glorioso y entero en cada especie consagrada.

Por eso, durante la Consagración vivimos este momento con profundo silencio, recogimiento y adoración. Si nuestra salud lo permite, nos arrodillamos como signo de humildad y reverencia ante Cristo, que se hace presente en el altar para renovar sacramentalmente el único sacrificio de la Cruz por nuestra salvación.

No es momento para conversar, distraerse o mirar alrededor. Toda nuestra atención debe dirigirse al Señor, que viene a quedarse con nosotros bajo las especies del pan y del vino.

Reflexión: Cada vez que participamos en la Santa Misa, estamos presentes ante el mismo sacrificio redentor de Cristo. Abramos nuestro corazón y adoremos con fe a Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía.

Cita bíblica: “Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes.” (Lucas 22, 19-20)

PASO 31. La Elevación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo

Después de la Consagración, el sacerdote eleva primero la Hostia consagrada y luego el Cáliz con la Preciosísima Sangre de Cristo. Este gesto permite a toda la asamblea contemplar y adorar a Jesús, realmente presente en la Eucaristía.

Es un momento de profunda adoración. La Iglesia nos invita a fijar nuestra mirada en el Señor con fe, amor y gratitud. Muchos fieles, como expresión de su devoción, inclinan la cabeza o dicen en silencio una breve oración, por ejemplo: "Señor mío y Dios mío".

En este instante no vemos simplemente un pedazo de pan o una copa de vino, sino a Jesucristo vivo, que se entrega por nuestra salvación.

Reflexión: Contemplemos con fe a Jesús presente en el altar. Que nuestra mirada sea una verdadera profesión de fe y nuestro corazón responda con amor y adoración.

Cita bíblica: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos." (Filipenses 2, 10)

PASO 32. La Aclamación del Misterio de la Fe

Después de la Consagración, el sacerdote proclama:

"Éste es el Misterio de la fe."

Entonces toda la asamblea responde con una de las aclamaciones previstas por la Iglesia, proclamando la muerte, resurrección y gloriosa venida de Cristo.

Con esta respuesta, los fieles expresan que creen en el gran misterio que acaba de realizarse sobre el altar: Jesucristo murió por nosotros, resucitó y permanece realmente presente en la Eucaristía.

No repetimos unas palabras de memoria; hacemos una verdadera profesión de fe en el Señor resucitado.

Reflexión: Respondamos con voz firme y corazón creyente. Cada vez que proclamamos el Misterio de la Fe renovamos nuestra esperanza en Cristo, que vive y vendrá de nuevo.

Cita bíblica: "Cada vez que comen de este pan y beben de esta copa, anuncian la muerte del Señor hasta que Él venga." (1 Corintios 11, 26)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

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