REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

DIVORCIO: CUANDO UNA FAMILIA ATRAVIESA UNA HERIDA

Importancia, dificultades de la vida conyugal y divorcio

El matrimonio es una unión que requiere amor, respeto, comunicación, compromiso y paciencia. Sin embargo, la convivencia puede enfrentar dificultades que, si no se atienden oportunamente, pueden llevar al distanciamiento y, en algunos casos, al divorcio. Comprender estas dificultades permite prevenir conflictos, buscar soluciones y afrontar una separación de manera responsable y humana.

Hablar de divorcio no es solamente hablar de una separación legal. Es hablar de personas, historias, sueños, hijos, heridas y decisiones difíciles.

¿Por qué se llega al divorcio?

“Moisés les permitió divorciarse por su incapacidad para entender, pero no era así al principio.” Mateo 19, 8

No existe una sola causa. Muchas veces el matrimonio se va deteriorando poco a poco: falta de comunicación, incomprensión, infidelidad, problemas económicos, diferencias que nunca se resolvieron, pérdida de confianza, falta de tiempo para la pareja o la aparición de otra persona.

También existen situaciones mucho más graves, como violencia física o psicológica, amenazas, adicciones o abandono.

Y entonces debemos preguntarnos, sin buscar culpables:

¿Qué fue faltando entre ellos? ¿En qué momento dejaron de escucharse? ¿Cuándo el diálogo fue reemplazado por los gritos, el resentimiento o la indiferencia?

No siempre podremos encontrar una respuesta. Cada matrimonio tiene su propia historia.

¿Y los hijos?

Muchas veces los hijos terminan siendo testigos indefensos de las peleas, los silencios, los reproches y la incomprensión de sus padres.

Ellos pueden preguntarse: ¿Fue por mi culpa? o sentirse obligados a tomar partido por uno de los padres.

Por eso, aun cuando el matrimonio termine, los hijos no deben convertirse en mensajeros, jueces ni armas de la separación. Ellos necesitan saber que siguen siendo amados por ambos padres.

El lado humano del divorcio

También debemos mirar a la persona que queda después de la separación.

Una mujer divorciada puede sentir vergüenza, fracaso, soledad o miedo al qué dirán. Todavía existen personas que colocan etiquetas y juzgan sin conocer la historia que existe detrás de una ruptura.

Pero una mujer no deja de tener dignidad porque su matrimonio haya terminado.

El divorcio puede sentirse como un verdadero duelo: se pierde una convivencia, proyectos, rutinas, sueños y, algunas veces, la familia como se había imaginado.

Por eso hay que darse permiso para llorar, sanar, pedir ayuda y comenzar nuevamente.

 ¿Cómo superar ese duelo?

No es olvidar de un día para otro. Es aprender a vivir sin aquello que se perdió, sin permitir que el dolor destruya lo que todavía permanece.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

Comentarios

Entradas populares de este blog