EL DIVORCIO ES UN DUELO: ¿CÓMO SUPERARLO?

El divorcio puede vivirse como un duelo, porque no solamente termina una relación: también pueden romperse proyectos, rutinas, sueños, expectativas y una forma de vida que se había construido durante años.

Cuando llega un divorcio, es normal sentir tristeza, rabia, culpa, miedo, soledad o incluso alivio. No todas las personas viven el duelo de la misma manera ni en el mismo orden.

Superarlo no significa olvidar lo vivido ni negar el dolor. Significa aceptar que una etapa terminó y aprender, poco a poco, a construir una nueva vida.

¿Cómo comenzar?

 1. Permítete sentir. No escondas el dolor. Llorar también es una forma de sanar.

 2. Acepta la realidad. No puedes cambiar lo que ocurrió, pero sí puedes decidir cómo continuar.

 3. No te culpes por todo. Una separación generalmente es el resultado de una historia compleja; aprende de ella sin convertirla en una condena personal.

 4. Protege a los hijos. Ellos también viven un duelo. No deben convertirse en mensajeros, jueces ni intermediarios entre sus padres.

 5. Recupera tu identidad. Vuelve a descubrir quién eres más allá de ser esposo o esposa.

 6. Acércate a Dios. Cuando no encuentres respuestas, puedes comenzar simplemente diciendo: “Señor, ayúdame a atravesar este momento.”

 Una palabra de esperanza

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón herido.” Salmo 34, 19

El divorcio puede cerrar una historia, pero no tiene por qué cerrar tu vida.

“Sanar no significa dejar de recordar; significa poder recordar sin que el recuerdo siga destruyendo tu presente.”

Y aquí está algo que para una mujer de fe puede convertirse en un refugio:

 Reza, porque la oración tiene poder

Rezar no significa pedir que Dios obligue a alguien a regresar ni esperar que desaparezcan mágicamente los problemas.

Orar es poner delante de Dios aquello que ya no podemos cargar solos.

“Señor, sana mi corazón.

Dame fuerza para aceptar lo que no puedo cambiar.

Ayúdame a perdonar.

Protege a mis hijos.

Y muéstrame el camino que debo seguir.”

La oración puede no cambiar inmediatamente las circunstancias, pero puede cambiar nuestro corazón para enfrentarlas con esperanza.

 “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”  Mateo 11,28

Para terminar

El divorcio puede cerrar una etapa, pero no tiene por qué cerrar la vida.

Un divorcio no define quién eres. Es una etapa difícil de tu historia, pero tu vida continúa. Sigues siendo una persona con dignidad, capacidades, sueños y un futuro que merece ser vivido con esperanza.

Y si hoy estás atravesando ese dolor, recuerda:

No tienes que entenderlo todo hoy.

No tienes que sanar todo hoy.

Hoy solamente da un paso.

Y si no sabes hacia dónde caminar, permite que Dios vaya sanando tu corazón

Reza, confía. No te alejes de Él en medio del dolor; busca refugio en la Santa Misa y, si lo necesitas, acércate a un sacerdote y cuéntale tu situación para recibir orientación y acompañamiento espiritual. Si tu matrimonio fue celebrado por la Iglesia, no cargues sola con las dudas sobre tu situación sacramental o la recepción de la Eucaristía: déjate orientar con serenidad y misericordia. Y aunque hoy sientas que una parte de tu vida se ha quebrado, recuerda que Dios todavía puede sostenerte, levantarte y enseñarte a caminar nuevamente.

Tu historia no termina aquí y permíteme que oremos:

Señor, cuando mi corazón esté herido y no encuentre el camino, sostenme con tu amor. Dame fortaleza para aceptar lo que no puedo cambiar, serenidad para sanar y esperanza para volver a comenzar. Que nunca olvide que, aun en mis días más difíciles, Tú caminas conmigo y no me abandonas. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

 

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