CUANDO LOS HIJOS SUFREN LA RUPTURA DE SUS PADRES

Cuando un matrimonio entra en crisis, muchas veces pensamos solamente en los esposos y olvidamos a quienes también están viviendo el dolor: los hijos.

Ellos no eligieron la separación, no provocaron las discusiones y tampoco deberían convertirse en jueces, mensajeros o instrumentos para lastimar al otro padre.

El papa Francisco, en Amoris laetitia, (expresión en latín que significa “La alegría del amor”) es el título de una exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016. En ella reflexiona sobre el amor dentro de la familia, el matrimonio, la educación de los hijos, las dificultades familiares y el acompañamiento de quienes atraviesan situaciones dolorosas, como la separación o el divorcio.

Su mensaje central es que la familia, aunque enfrente dificultades y no sea perfecta, continúa siendo un lugar donde se aprende a amar, perdonar, comprender y vivir la misericordia de Dios.

Señaló que los hijos son víctimas inocentes de la separación y pidió a los padres que jamás los utilicen como rehenes ni los hagan cargar con el peso del conflicto.

También recordó algo muy importante: aunque los padres se separen, siguen siendo padres. Los hijos necesitan amor, protección, confianza y la presencia responsable de ambos, siempre que las circunstancias lo permitan.

Papa Francisco decía que los hijos observan a sus padres y necesitan descubrir, a través de ellos, que el amor puede ser fuerte, confiable y capaz de superar dificultades.

Por eso, cuando una pareja ya no puede continuar junta, hay una responsabilidad que permanece: cuidar el corazón de los hijos.

No hablar mal del padre delante de ellos.

No obligarlos a escoger.

No utilizarlos para transmitir mensajes.

No hacerlos sentir culpables.

Y, sobre todo, hacerles saber: “Esto no es culpa tuya. Papá y mamá te siguen amando.”

La Iglesia también recuerda que, ante situaciones de violencia o graves injusticias, la separación puede ser necesaria para proteger al cónyuge más débil y a los hijos.

REFLEXIÓN

Quizás los padres no puedan evitar todas las heridas que deja una ruptura, pero sí pueden evitar agrandar esas heridas.

El matrimonio puede atravesar una crisis, pero la responsabilidad de ser padre y madre permanece.

Y aquí aparece nuestra fe: rezar no significa ignorar el problema; significa poner delante de Dios aquello que nosotros ya no sabemos cómo resolver.

Reza por tu matrimonio.

Reza por tu esposo o esposa.

Pero, sobre todo, reza por tus hijos, para que esta experiencia no les robe la confianza, la esperanza ni la capacidad de amar.

 “Si el Señor no construye el edificio, en vano se fatigan los obreros. Si el Señor no protege la ciudad, en vano monta guardia el centinela.” Salmo 127,1.

ORACIÓN

Señor, protege a los hijos que sufren por la separación de sus padres. Sana sus corazones, quita de ellos toda culpa y ayúdalos a sentirse siempre amados. Toca también el corazón de sus padres para que puedan actuar con madurez, respeto y responsabilidad.

Y si es posible la reconciliación, abre caminos de diálogo y perdón. Si el camino debe ser otro, danos la sabiduría para recorrerlo sin destruirnos y sin herir más a quienes amamos. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga,

Mirtha Villarroel de Rocha

¡Hasta nuestro próximo encuentro en Toque Espiritual!

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