LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 33. La Doxología Final y el Gran Amén

Al concluir la Plegaria Eucarística, el sacerdote eleva el Cuerpo y la Sangre de Cristo y proclama:

"Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos."

Esta oración, llamada Doxología Final que significa “palabras de gloria o de alabanza a Dios”, resume toda la Plegaria Eucarística y ofrece al Padre el sacrificio perfecto de Jesucristo.

La asamblea responde con un "Amén" solemne y convencido. Este es conocido como el Gran Amén, porque con él confirmamos toda la oración que la Iglesia ha elevado a Dios.

No es un "amén" cualquiera. Es el Amén más importante de toda la Santa Misa, pues expresa nuestra adhesión al sacrificio de Cristo y nuestra participación en el misterio de la Eucaristía.

Significado espiritual

La Doxología nos recuerda que:

Todo viene de Dios.

Todo se ofrece a Dios.

Todo se realiza por Cristo, con Cristo y en Cristo.

Toda gloria pertenece al Padre, por la acción del Espíritu Santo.

Es la cumbre de la Plegaria Eucarística y el momento en que toda la Iglesia glorifica a la Santísima Trinidad.

Reflexión: Cuando respondamos "Amén", hagámoslo con fe y convicción. Con esa palabra decimos: "Sí, Señor, creo y me uno a esta ofrenda de amor y salvación."

Cita bíblica: "Porque todas las promesas de Dios han encontrado su “sí” en Cristo; por eso también por medio de Él decimos “Amén” para gloria de Dios."(2 Corintios 1, 20)

PASO 33. El Padre Nuestro. Ritos de la Comunión.

Después de la Doxología Final y del Gran Amén, comienza la segunda parte de la Liturgia Eucarística: los Ritos de la Comunión.

El primer momento es el Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos cuando le pidieron: “Señor, enséñanos a orar”.

El sacerdote invita a toda la asamblea diciendo:

“Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir…"

Entonces todos rezamos juntos:

“Padre nuestro, que estás en el cielo…”

Cada vez que rezamos el Padrenuestro en la Santa Misa, recordemos que somos hijos de un mismo Padre y hermanos en Cristo. Sólo un corazón reconciliado, humilde y lleno de amor puede acercarse a recibir al Señor en la Eucaristía.

Durante el rezo del Padre Nuestro, juntamos las manos en actitud de oración. Este gesto expresa humildad, recogimiento y confianza filial en Dios, a quien nos dirigimos como nuestro Padre.

Más que un gesto exterior, es una invitación a orar con el corazón, meditando cada palabra que Jesús nos enseñó. Con las manos unidas y el espíritu dispuesto, nos preparamos para recibir a Cristo en la Sagrada Comunión.

¿Por qué no decimos "Amén" al terminar el Padre Nuestro?

En la Santa Misa no se dice “Amén” al finalizar el Padrenuestro, porque esta oración no ha concluido. Después de que la asamblea dice: “…y líbranos del mal “el sacerdote la continua con una súplica llamada embolismo, palabra que significa ”inserción” o “añadido”. Esta oración desarrolla la última petición del Padrenuestro, pidiendo a Dios que nos libre de todo mal, nos conceda la paz y nos prepare para recibir dignamente a Jesucristo en la Sagrada Comunión.

Al concluir el embolismo, toda la asamblea responde con la doxología:

“Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.”

Este detalle litúrgico nos recuerda que el Padrenuestro, el embolismo y la doxología forman una sola unidad de oración dentro de los Ritos   de la Comunión. Solo entonces concluye este momento de preparación para la Sagrada Comunión y la Santa Misa continúa con el rito de la paz.

El Padrenuestro no es una oración cualquiera. Es la oración más perfecta, porque salió de los labios del mismo Jesucristo. En ella reconocemos a Dios como nuestro Padre, alabamos su santo nombre, pedimos que venga su Reino y nos comprometemos a cumplir su voluntad.

También le pedimos el pan de cada día, que representa no sólo el alimento material, sino también el Pan de Vida, Jesucristo presente en la Eucaristía.

Antes de acercarnos a recibir la Sagrada Comunión, pedimos perdón por nuestras faltas y expresamos nuestra disposición a perdonar a quienes nos han ofendido. De este modo, nos preparamos para recibir dignamente al Señor.

 ¿Cómo colocamos las manos durante el Padrenuestro?

La Iglesia no establece una postura obligatoria para los fieles. Sin embargo, juntar las manos en actitud de oración es una práctica tradicional que favorece el recogimiento y expresa humildad y respeto ante Dios. Lo más importante es rezar con fe, atención y devoción, evitando gestos que distraigan o que no sean costumbre en la propia comunidad.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Rezar con atención y recogimiento.

Meditar cada palabra que pronunciamos.

Pedir a Dios un corazón dispuesto a perdonar.

Prepararnos con fe para recibir a Jesús en la Sagrada Comunión.

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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