LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

 PASO 40. La Sagrada Comunión

La Sagrada Comunión es el momento culminante de la Liturgia Eucarística. Después de habernos preparado con la oración y de responder con humildad: “Señor, no soy digno…”, nos acercamos al altar para recibir a Jesucristo, verdaderamente presente en la Eucaristía.

La Iglesia nos enseña que, al comulgar, no recibimos un símbolo, sino al mismo Jesús: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Es el Señor resucitado que viene a nuestro encuentro para alimentarnos con su vida, fortalecer nuestra fe y permanecer en nosotros.

Por ello, nos acercamos a comulgar con profundo recogimiento, respeto y devoción, evitando distracciones o conversaciones. Antes de recibir la Sagrada Comunión, es una hermosa tradición hacer una genuflexión o una inclinación profunda de la cabeza, según las normas de la Iglesia y la costumbre legítima del lugar, como signo de adoración a Cristo realmente presente.

Cuando el ministro presenta la Sagrada Hostia y dice: “El Cuerpo de Cristo”, respondemos con voz clara y convencida: “Amén”. Con esta palabra expresamos nuestra fe y afirmamos que creemos verdaderamente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

La Iglesia latina conserva como forma tradicional recibir la Sagrada Comunión directamente en la lengua. Sin embargo, donde la Conferencia Episcopal lo ha autorizado y el Obispo diocesano lo permite, también puede recibirse en la mano, siempre con la máxima reverencia y cuidado para que no se pierda ninguna partícula de la Hostia consagrada.

Después de comulgar, regresamos a nuestro lugar en silencio y oración. Es un momento privilegiado para hablar con Jesús, agradecer su presencia, ofrecerle nuestra vida, pedir su gracia y permanecer unos instantes en íntima unión con Él.

En muchas parroquias, una vez que todos han comulgado, el sacerdote o el diácono lleva al sagrario las Hostias consagradas que han quedado. En algunos lugares, como signo de respeto y adoración a la presencia real de Jesús en la Eucaristía, los fieles se ponen de pie mientras el Santísimo Sacramento es reservado en el sagrario.

Esta es una hermosa costumbre que expresa nuestra fe y reverencia hacia Cristo presente en la Eucaristía. Terminado este momento, la asamblea vuelve a sentarse o permanece según lo indique la celebración, dando paso al silencio o al canto de acción de gracias.

Reflexión: Cada vez que recibimos la Sagrada Comunión, Cristo entra sacramentalmente en nuestro corazón para fortalecernos, transformarnos y enviarnos a vivir el Evangelio. Que nunca perdamos el asombro y la gratitud por este inmenso regalo de amor.

Cita bíblica: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. “(Juan 6, 56)

PASO 41. El silencio o canto de acción de gracias

Después de recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, la Iglesia nos invita a guardar un momento de silencio, de oración personal o a participar en un canto de acción de gracias. Es un tiempo privilegiado para hablar con el Señor que acabamos de recibir sacramentalmente.

No es momento de conversar, distraerse o salir apresuradamente del templo. Es el instante para agradecer a Jesús su presencia, presentarle nuestras intenciones y pedirle la gracia de vivir conforme a su voluntad.

Cada uno puede hacer una sencilla oración desde el corazón, dando gracias por el inmenso don de la Eucaristía y renovando el compromiso de seguir a Cristo en la vida diaria.

Reflexión: Después de recibir a Jesús, permanezcamos unos momentos en silencio. Él está realmente presente en nuestro corazón y desea hablar con nosotros.

Cita bíblica: “Den gracias en toda ocasión; ésta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5, 18)

PASO 42. La oración después de la Comunión

Concluido el tiempo de silencio o el canto de acción de gracias, el sacerdote invita a toda la asamblea diciendo: “Oremos”. Entonces todos se ponen de pie para participar en la oración después de la Comunión.

En esta oración, el sacerdote da gracias a Dios por el don recibido y pide que la Eucaristía produzca frutos abundantes en la vida de los fieles. Es la oración que concluye oficialmente la Liturgia Eucarística.

Respondemos con un fervoroso” Amén”, haciendo nuestra esa súplica y disponiéndonos a pasar a los Ritos de Conclusión, desde donde la Iglesia nos enviará a vivir y anunciar el Evangelio.

Reflexión: La Comunión no termina cuando dejamos de comulgar. Jesús permanece con nosotros para fortalecernos y enviarnos a ser testigos de su amor en el mundo.

Cita bíblica: “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes.” (Juan 15, 4)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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