LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

 PASO 37. La mezcla del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Conmixtión)

Después del Cordero de Dios, el sacerdote toma un pequeño fragmento de la Hostia consagrada y lo deja caer dentro del cáliz que contiene la Preciosísima Sangre de Cristo. Este gesto litúrgico se llama conmixtión.

La conmixtión simboliza la unión del Cuerpo y la Sangre de Cristo y nos recuerda que Jesús ha resucitado y vive glorioso. No recibimos a un Cristo muerto, sino al Señor vivo, vencedor del pecado y de la muerte, realmente presente en la Eucaristía.

Este rito también expresa la unidad del sacrificio de Cristo y la comunión de toda la Iglesia reunida en torno al mismo Pan y al mismo Cáliz. Al participar de la Eucaristía, todos formamos un solo Cuerpo en Cristo.

Este es un gesto que realiza únicamente el sacerdote y que los fieles contemplan en silencio y oración.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Permanecer en silencio y recogimiento.

Contemplar con fe este signo litúrgico.

Prepararnos para recibir a Cristo resucitado.

Reflexión: Jesús murió por nosotros, pero también resucitó. En cada Eucaristía recibimos a Cristo vivo, vencedor del pecado y de la muerte.

Cita bíblica: «Yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 1, 18)

 PASO 38. La invitación a la Comunión: “Éste es el Cordero de Dios...”, sigue:

Después de  la conmixtión y de las oraciones preparatorias del sacerdote, llega a uno de los momentos más conmovedores de la Santa Misa. El sacerdote toma la Hostia consagrada, la eleva ligeramente y la muestra a toda la asamblea diciendo:

“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.”

Con estas palabras nos presenta a Jesucristo, verdaderamente presente en la Eucaristía. Él es el Cordero de Dios que se ofreció en sacrificio por nuestra salvación y que ahora nos invita a participar del banquete eucarístico.

La expresión "Cordero de Dios" recuerda el sacrificio del cordero pascual del Antiguo Testamento y el anuncio de san Juan Bautista al señalar a Jesús como el Salvador del mundo.

Este es un momento para contemplar al Señor con fe, adorarlo y prepararnos para recibirlo con un corazón limpio y agradecido.

Reflexión: Antes de acercarnos a comulgar, fijemos nuestra mirada en Jesús. Él nos llama a su mesa no porque seamos perfectos, sino porque nos ama y quiere fortalecernos con su presencia.

Cita bíblica: “Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: "Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo."» (Juan 1, 29)

PASO 39. La respuesta de los fieles: “Señor, no soy digno...”

Después de escuchar la invitación del sacerdote, toda la asamblea responde con profunda humildad:

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.”

Estas palabras están inspiradas en la respuesta del centurión romano, quien reconoció con fe que Jesús podía sanar con solo una palabra.

Al pronunciarlas, reconocemos que ninguno de nosotros merece recibir al Señor por sus propios méritos. Sin embargo, confiamos plenamente en su misericordia y en el poder de su amor, que sana nuestras heridas y fortalece nuestra vida espiritual.

Esta respuesta nos invita a acercarnos a la Comunión con humildad, arrepentimiento y una fe viva en la presencia real de Cristo.

Reflexión: La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino el alimento que Cristo ofrece a quienes desean seguirlo con un corazón sincero y dispuesto a convertirse cada día.

Cita bíblica: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.» (Mateo 8, 8)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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