"SEÑORITA MIRTHA": CUANDO UNA MAESTRA DESCUBRE QUE SEMBRÓ UNA VIDA ENTERA DE SUEÑOS
Hoy quiero
abrir mi corazón.
Tengo 74
años. Me jubilé como maestra de educación básica a los 60, después de 41 años
de servicio. Pensé que con la jubilación terminaba una etapa de mi vida, pero
comprendí que un verdadero maestro nunca deja de enseñar ni de vivir en el
corazón de sus estudiantes.
La Editorial
rb.robress, plataforma educativa
creativa “empoderando autores”, de
propiedad de mi hija Melissa Rocha Villarroel, tuvo el hermoso gesto de
obsequiarme un diario por el Día del Maestro. Aunque un poco
tarde, quiero dejar constancia de mi agradecimiento y describir este regalo tan
especial.
Cuando recibí
este hermoso diario, la editorial me explicó que sus páginas estaban en blanco
porque el verdadero propósito era que yo escribiera en ellas con puño y letra las
anécdotas de mi vida como maestra.
Al principio,
aquellas páginas en blanco parecían decirme simplemente: “Escribe”. Pero pronto percibí
que no estaban vacías: esperaban mi historia. En ellas podía guardar vivencias,
anécdotas, aprendizajes y lecciones de una vida entregada con amor a la educación;
momentos que merecen ser recordados, agradecidos y celebrados, para que no se
pierdan con el paso del tiempo.
Te lo
describo brevemente: es un diario de muy buena calidad, con un diseño cuidado y
armonioso. Lleva mi fotografía a colores en la portada y en la contratapa, un
detalle que lo hizo aún más especial para mí. Todo fue preparado con mucho
esmero, reflejando el cariño con el que mi hija quiso hacerme este regalo; sin
embargo, lo que más conmovió mi corazón fue el título que llevaba, porque
parecía resumir en pocas palabras toda mi trayectoria como maestra de educación
básica.
Aquel regalo
fue mucho más que un bello diario. Fue como abrir una puerta al pasado y
revivir recuerdos, rostros, alegrías, desafíos y experiencias que marcaron mi
vocación de educadora.
Al
abrirlo, me encuentro con un sólo rótulo: “Este libro pertenece a…”. Y yo le
añadí: “Srta. Mirtha”, porque así llamaban en aquella época y yo no
fui la excepción. Después, muchas hojas en blanco, esperando ser llenadas.
El diario
obsequiado tanto en la tapa como contratapa comienza así:
"Donde
sembré sueños, entre pupitres, recreos y sonrisas: las memorias de una vida
dedicada a enseñar."
Y entonces
lloré al leer uno por uno de sus párrafos como por ejemplo con este mensaje:
por tanto,
vivido, tanto enseñado, tanto amado…
Lloré porque,
de pronto, regresaron a mi memoria miles de rostros, pequeñas manos levantadas
para responder una pregunta, cuadernos llenos de esfuerzo, hojas rotas o con
borrones, recreos llenos de risas, mandiles blancos, actos escolares, abrazos
espontáneos y despedidas que nunca imaginé que permanecerían tan vivas en mi
corazón
Después de
recorrer en mi memoria distintas etapas de mi vida, llega el momento de abrir
aquel diario y llenar sus páginas con algunas de las anécdotas que más huella
dejaron en mi camino. No son todas, porque una vida dedicada a
enseñar guarda muchas historias; son aquellas que hoy quiero recordar,
agradecer y celebrar.
Quizás por
eso su título me impactó tanto: al abrir sus páginas sentí que alguien había
comprendido una vida entregada con amor a la educación. Aquellas hojas en
blanco se convirtieron entonces en una invitación a rescatar recuerdos y
compartirlos con quienes alguna vez caminaron conmigo por las aulas y con
quienes, quizá, algún día quieran conocer a la señorita Mirtha a través de sus
anécdotas.
Ese sencillo,
pero significativo obsequio despertó en mí el deseo de volver a recorrer, a
través de la memoria, los años más hermosos de mi labor educativa y de
compartir las vivencias que dejaron huellas imborrables en mi corazón.
Sin
proponérmelo, comenzaron a regresar los recuerdos: mi infancia, mis años de escuela,
los sueños de juventud, mi vocación de maestra, mi familia y tantas
experiencias que Dios fue escribiendo en cada etapa de mi existencia.
Ese sencillo
detalle se convirtió en el punto de partida para volver la mirada atrás y
descubrir, una vez más, que cada recuerdo encierra una enseñanza y cada paso de
la vida tiene un propósito.
Las hojas en
blanco dejarán de estar vacías, porque sin duda alguna, lo llenaré y,
modestamente, puedo decir que hasta podrían faltarme hojas para contar tantas
historias.
Éstas, desde este momento se convierten en una invitación a volver la mirada hacia mi pasado, rescatar los recuerdos que permanecen en mi corazón y comenzar a escribirlos, para compartirlos.
“Sembré con amor; Dios se encargó de la
cosecha.”
Con cariño
Srta. Mirtha
¿Quieren saber cuál fue la primera
anécdota que decidí rescatar?
Acompáñenme…
porque esta historia apenas comienza.
Comentarios
Publicar un comentario