REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL. 

¡NO ESPERES A QUE SEA DEMASIADO TARDE!

A veces, una familia deja de hablarse por una discusión, por una palabra mal interpretada, por un orgullo que nadie quiere reconocer o simplemente porque cada uno espera que sea el otro quien dé el primer paso.

Pasan los días… después los meses… y aquella distancia que comenzó con algo pequeño se convierte en un muro.

Pero dime: ¿vale la pena perder el tiempo que tenemos por una ofensa?

No esperes una enfermedad terminal.

No esperes una llamada que llegue demasiado tarde.

No esperes estar frente a un ataúd para preguntarte:

“¿Por qué no la llamé?”

“¿Por qué no fui a buscarlo?”

“¿Por qué dejé pasar tantos años?”

La vida es demasiado frágil para dejar palabras importantes para después.

Tal vez no puedas cambiar lo que ocurrió, pero sí puedes decidir qué hacer a partir de hoy.

Busca la manera de acercarte.

Haz esa llamada.

Envía ese mensaje.

Da el primer abrazo.

Pide perdón si corresponde.

Y si no puedes pedir perdón, al menos comienza por decir:

“Te extraño. No quiero seguir viviendo con esta distancia.”

Jesús nos enseña:

“Si al presentar tu ofrenda en el altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu hermano.” (Mateo 5, 23-24)

Dios no quiere que nuestras familias vivan heridas por el orgullo, el resentimiento o los malos entendidos.

Sanar una relación no significa negar lo que pasó. Significa decidir que lo que pasó no seguirá destruyendo lo que todavía puede salvarse.

Hoy puede ser un buen día para volver a hablar.

Mientras haya vida, hay una oportunidad para reconciliarse.

Tal vez Dios está tocando hoy tu corazón para que seas tú quien dé el primer paso.

Llama. Acércate. Perdona. Reconcíliate.

Porque algún día podemos arrepentirnos de muchas cosas que hicimos…

pero quizás el dolor más grande sea arrepentirnos de lo que pudimos hacer y nunca hicimos.

¡Señor, sana nuestras familias, derriba los muros del orgullo y danos la humildad para dar el primer paso hacia la reconciliación! Amén.

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

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