REFLEXIÓN: CUANDO PARECE QUE DIOS NO RESPONDE
Dios escucha
nuestra plegaria, incluso cuando sentimos que guarda silencio. El silencio de
Dios no significa ausencia; muchas veces significa que está obrando de una
manera que todavía no podemos ver.
A veces
oramos y esperamos una respuesta inmediata: “Señor, dime qué hacer; Señor,
ayúdame; Señor, cambia esta situación.” Y no ocurre lo que esperamos.
Entonces pensamos: ¿Me estará escuchando?
La Biblia nos
recuerda:
“Clama a mí y
te responderé.” Jeremías 33, 3
Pero
responder no siempre significa concedernos aquello que pedimos, en el momento
que lo pedimos. A veces Dios responde dándonos fortaleza para atravesar aquello
que no puede cambiarse todavía; otras veces nos muestra un camino diferente; y
otras, sencillamente, nos pide esperar.
También Jesús
conoció el silencio y la angustia. En Getsemaní oró al Padre y dijo:
“Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”Lucas 22, 42
Eso nos enseña
algo profundo: orar no es conseguir que Dios haga nuestra voluntad; es aprender
a confiar en Él aun cuando no comprendemos su voluntad.
Quizás por
eso, cuando Dios parece guardar silencio, podemos decirle:
“Señor, no
entiendo tu silencio, pero sigo confiando en Ti.
No veo el
camino, pero sé que Tú lo ves.
No tengo
respuestas, pero tengo fe.
Y aunque hoy
no comprenda lo que estás haciendo,
no quiero
dejar de caminar contigo.”
Y recuerda
algo hermoso: también el silencio puede ser una respuesta. No siempre es un “no”. A veces es un “espera”, un “prepárate”, un
“confía en mí”.
¡Quizás hoy
no necesitas una respuesta... quizás solamente necesitas confiar!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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