¡La santidad no es privilegio de unos pocos, es un llamado para todos!
Hoy la Iglesia católica celebra a
todos los santos: aquellos que fueron reconocidos oficialmente y también a
millones de hombres y mujeres anónimos que vivieron amando a Dios y al prójimo
y hoy gozan de su presencia en el cielo.
Entre ellos pueden encontrarse
madres que entregaron su vida por sus hijos, padres trabajadores y honestos,
abuelos que enseñaron a rezar, personas que perdonaron grandes ofensas y seres
humildes que hicieron el bien sin esperar reconocimiento.
La santidad no consiste
en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las cosas ordinarias con un amor
extraordinario.
REFLEXIÓN
Muchas veces pensamos que ser
santo es imposible, porque somos humanos, cometemos errores y tenemos
debilidades. Sin embargo, los santos también enfrentaron dificultades,
tentaciones, sufrimientos y caídas, pero nunca dejaron de buscar a Dios.
No todos estamos llamados a
realizar grandes obras, pero sí a vivir con amor, humildad, misericordia y
generosidad.
Quizás el santo que Dios espera
de ti sea simplemente una persona que perdona, ayuda al necesitado, consuela al
que sufre y hace el bien en silencio.
“Ustedes serán santos, porque Yo lo soy ”. (1 Pedro 1,16).
ORACIÓN
Señor
Jesús, gracias por el ejemplo de tantos santos que iluminaron el mundo con su
fe y sus buenas obras. Ayúdanos a seguir sus huellas, viviendo con humildad,
perdonando de corazón y sirviendo a quienes nos necesitan. Que algún día
podamos compartir con ellos la alegría de tu presencia eterna. Amén.
Mensaje para el corazón:
No necesitas ser famoso para ser santo. Basta con dejar que Dios transforme tu
vida y que tus obras de misericordia hablen de tu amor.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA
VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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