el señor es mi pastos

nada me faltara

viernes, 7 de agosto de 2026

 SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa No 7

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

 7. Preparación técnica del lector

"La preparación técnica no busca formar buenos oradores, sino buenos servidores de la Palabra. Una lectura clara, pausada y bien proclamada permite que la comunidad escuche la voz de Dios y no se distraiga por las dificultades de la proclamación."

Una buena técnica permite que el mensaje llegue con fidelidad al corazón de quienes escuchan.

Vocalización y pronunciación

La Palabra de Dios merece ser proclamada con claridad. Por ello, el lector debe vocalizar correctamente, pronunciando cada palabra con nitidez y evitando hablar demasiado rápido o entre dientes.

También es importante practicar previamente los nombres bíblicos, las palabras difíciles y las expresiones poco conocidas para evitar errores durante la celebración.

Una buena pronunciación facilita que toda la comunidad comprenda el mensaje sin esfuerzo.

Técnicas 1. Ejercicios de vocalización

Fortalecen la articulación, mejoran la dicción, favorecen una correcta respiración y permiten proyectar la voz con claridad. Gracias a ellos, cada palabra se pronuncia con nitidez y la Palabra de Dios puede ser escuchada y comprendida por toda la asamblea. El objetivo no es hablar más fuerte, sino hablar con claridad, naturalidad y reverencia.

La buena vocalización no se improvisa. Acostúmbrate a abrir bien la boca al pronunciar las vocales. La constancia fortalecerá tu dicción y permitirá que la Palabra de Dios llegue con claridad a toda la asamblea.

La claridad al leer se logra con la práctica diaria:  A – E – I – O – U

Técnica 2: Ejercicios de consonantes para mejorar la dicción

Pronuncia cada consonante de manera clara y completa, sin omitir ni "comerse" los sonidos finales de las palabras.

Repite lentamente combinaciones como: pa-pe-pi-po-pu, ta-te-ti-to-tu, ca-que-qui-co-cu, sa-se-si-so-su, bra-bre-bri-bro-bru, tra-tre-tri-tro-tru.

Lee en voz alta poniendo especial atención en la pronunciación de las consonantes s, r, l, d, t, p, b, c y g, ya que suelen perderse o confundirse al hablar con rapidez.

Técnica 3: Trabalenguas para fortalecer la articulación

Practica diariamente trabalenguas y frases con abundancia de consonantes. Empieza despacio, pronunciando con claridad cada sílaba, y aumenta la velocidad sin perder la correcta dicción.

Ejemplos:

Erre con erre, guitarra; erre con erre, carril; rápido ruedan los carros por los rieles del ferrocarril.

Coco cocina con carbón mientras Quique corta queso.

Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas.

¿Qué coche compra Quique? ¿Qué coche compra Carlos?

Sugerencia: Repite cada frase de tres a cinco veces, vocalizando bien y pronunciando con claridad todas las consonantes, especialmente r, rr, s, t, d, p y b. La velocidad nunca debe sacrificar la claridad. De este modo, cuando proclames la Palabra de Dios, la asamblea comprenderá cada palabra con nitidez.

Aumenta la velocidad de forma gradual, sin sacrificar la claridad.

2. Ritmo, pausas y entonación

La proclamación no consiste en leer de forma apresurada ni monótona. El lector debe mantener un ritmo sereno, haciendo pausas oportunas que permitan comprender el sentido del texto.

La entonación debe respetar el género literario de cada lectura: narración, profecía, exhortación, salmo o carta. No se trata de actuar ni dramatizar, sino de dar vida al texto con naturalidad y respeto.

Las pausas bien hechas ayudan a que la asamblea medite y asimile la Palabra de Dios.

Sugerencia para los lectores:

La asamblea debe escuchar cada palabra con claridad. Una buena dicción no consiste en hablar más fuerte, sino en pronunciar correctamente cada vocal y cada consonante.

Cita bíblica: “Que nadie te desprecie por ser joven. Más bien trata de ser el modelo de los creyentes por tu manera de hablar, tu conducta tu caridad tu fe y la pureza de tu vida " (1 Timoteo 4,13)

¡Que el Señor nos bendiga y nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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jueves, 6 de agosto de 2026

 SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa N.º 6

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

6. Preparación espiritual del lector

La preparación de un lector no comienza cuando toma el Leccionario en el ambón, sino mucho antes. Quien proclama la Palabra de Dios debe preparar su mente, su corazón y su vida para que su servicio sea un verdadero acto de fe. La mejor proclamación nace de una profunda relación con Dios y de una vida iluminada por el Evangelio.

 Oración antes de proclamar la Palabra

La oración es el primer paso en la preparación del lector. Antes de proclamar las lecturas, conviene ponerse en la presencia de Dios y pedirle la gracia de ser un instrumento fiel de su Palabra.

El lector no sube al ambón confiando únicamente en su voz o en su preparación técnica; sube con la certeza de que es el Señor quien hablará a través de él. Por eso, unos minutos de oración ayudan a dejar de lado las preocupaciones, vencer los nervios y disponerse interiormente para servir con humildad.

Una sencilla oración puede ser:

"Señor, abre mi mente para comprender tu Palabra, mis labios para proclamarla con fidelidad y el corazón de quienes la escuchen para que dé fruto en sus vidas. Amén."

La oración transforma la lectura en una verdadera proclamación y convierte al lector en un humilde servidor de Dios.

 Lectura y estudio previo de las lecturas

Un buen lector nunca improvisa. Preparar las lecturas con anticipación es una muestra de respeto hacia Dios y hacia la comunidad.

Es recomendable leer varias veces el texto antes de la celebración, conocer su contexto, identificar quién habla, a quién se dirige y cuál es el mensaje principal. También conviene practicar la pronunciación de los nombres difíciles, las pausas, la entonación y el ritmo de la lectura.

Además del aspecto técnico, el lector debe preguntarse:

¿Qué quiere decir Dios en este pasaje?

¿Qué enseñanza deja para mi vida?

¿Qué mensaje recibirá la comunidad?

Cuando el lector comprende el sentido del texto, su proclamación resulta más clara, natural y llena de convicción.

 Vida coherente con el Evangelio

La preparación espiritual no termina con la oración ni con el estudio de las lecturas. El mayor testimonio de un lector es su propia vida.

Quien proclama la Palabra está llamado a vivir de acuerdo con el Evangelio. La comunidad no solo escucha su voz durante la celebración, sino que también observa su comportamiento fuera del templo.

La coherencia cristiana se refleja en la humildad, la honestidad, el respeto, el perdón, la caridad y la participación constante en la vida sacramental y comunitaria.

Nadie es perfecto, pero todo lector debe esforzarse cada día por vivir aquello que anuncia. La fuerza de la proclamación no depende solo de una buena voz, sino de un corazón que busca seguir a Cristo.

Para reflexionar

Antes de proclamar la Palabra con los labios, debemos proclamarla con la vida. Un lector convence más por su testimonio que por la belleza de su voz.

CITA BÍBLICA: "Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario; allí se puso a orar." Marcos 1,35

 ¡Que el Señor nos bendiga y nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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miércoles, 5 de agosto de 2026

 SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa N.º 4

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

4. La importancia de proclamar la Palabra de Dios

La proclamación de la Palabra es uno de los momentos más importantes de la Liturgia de la Palabra. No consiste en leer un texto para informar a la asamblea, sino en anunciar la Palabra viva de Dios.

La Iglesia enseña que Cristo está realmente presente cuando se proclaman las Sagradas Escrituras en la liturgia. Por eso toda la asamblea escucha con atención, respeto y fe.

La proclamación requiere preparación porque la manera en que se anuncia la Palabra puede ayudar o dificultar que los fieles comprendan el mensaje.

Un lector preparado:

Respeta el sentido del texto bíblico.

Pronuncia correctamente las palabras.

Utiliza pausas oportunas.

Lee con ritmo adecuado.

Proyecta la voz sin exageraciones.

Evita dramatizaciones o interpretaciones personales.

No se trata de actuar ni de emocionar artificialmente a la asamblea.

La fuerza está en la Palabra de Dios, no en el lector.

La proclamación también exige silencio antes y después de la lectura. Ese silencio permite que la Palabra sea acogida en el corazón y produzca fruto.

Recordemos que la fe nace de la escucha. Cuando un lector proclama bien la Palabra, ayuda a que muchos encuentren consuelo, esperanza, conversión y fortaleza espiritual.

Para reflexionar

Cada lectura puede cambiar una vida. Nunca sabremos cuánto bien puede hacer una Palabra proclamada con fe y amor.

CITA BÍBLICA; "Así será mi palabra, la que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá la misión que le he encomendado."

5. Las cualidades humanas y espirituales del lector

Ser lector exige mucho más que una buena dicción. La Iglesia espera que quien proclama la Palabra cultive cualidades humanas y una profunda vida espiritual.

Cualidades humanas

Responsabilidad

Llega puntualmente, prepara con anticipación las lecturas y cumple fielmente el servicio que se le ha confiado.

Buena comunicación

Pronuncia correctamente, vocaliza, utiliza un volumen adecuado y mantiene un ritmo que facilite la comprensión.

Serenidad

No permite que los nervios dominen la proclamación. Su actitud transmite paz y confianza.

Humildad

No busca reconocimiento ni protagonismo. Sirve para que Cristo sea escuchado y no para ser admirado.

Respeto

Cuida el Leccionario, el ambón y todo lo relacionado con la proclamación de la Palabra.

Cualidades espirituales

Amor a la Sagrada Escritura

El lector no sólo lee la Biblia; la estudia, la medita y procura vivirla cada día.

Vida de oración

Quien habla de parte de Dios necesita hablar primero con Dios mediante la oración.

Vida sacramental

La participación frecuente en la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación fortalecen su testimonio y su servicio.

Coherencia de vida

Las palabras proclamadas deben reflejarse en la conducta diaria. La comunidad espera que el lector sea ejemplo de vida cristiana.

Espíritu de servicio

Comprende que su ministerio es un servicio humilde a Dios y a la comunidad, nunca un privilegio o una oportunidad para destacar.

Formación permanente

Siempre busca mejorar tanto en el conocimiento de la Biblia como en la técnica de proclamación y en su crecimiento espiritual.

Un lector según el corazón de Dios

El mejor lector no es necesariamente quien tiene la voz más fuerte o la mejor dicción, sino quien permite que la Palabra transforme primero su propia vida. Cuando existe coherencia entre lo que proclama y cómo vive, su servicio se convierte en un verdadero testimonio de fe.

Para reflexionar

La comunidad escuchará tu voz durante unos minutos, pero observará tu testimonio durante toda la vida. El mejor comentario de la Palabra es una vida vivida según el Evangelio.

"Sé ejemplo para los creyentes en la palabra, en la conducta, en el amor, en la fe y en la pureza." (1 Timoteo 4,12

¡Que el Señor nos bendiga y nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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martes, 4 de agosto de 2026

 SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa No 2

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

2. Lo que la Iglesia nos enseña

La Instrucción General del Misal Romano señala que entre los ministros que ejercen una función litúrgica se encuentra el lector, a quien corresponde proclamar las lecturas que preceden al Evangelio y, cuando no hay salmista, también el salmo responsorial. Asimismo, indica que debe estar verdaderamente capacitado para desempeñar este ministerio, de modo que la asamblea desarrolle un amor vivo y eficaz por la Sagrada Escritura al escuchar su proclamación.

Compromisos de un buen lector

Reconocer que sirve a Dios y a la comunidad, no a sí mismo.

Preparar con anticipación cada lectura.

Orar y meditar el texto antes de proclamarlo.

Formarse continuamente en la Sagrada Escritura y en la liturgia.

Vivir con coherencia el mensaje que anuncia.

Servir con humildad, sin buscar aplausos ni reconocimiento.

Para reflexionar

"No subes al ambón para que te escuchen a ti; subes para que, a través de tu voz, el pueblo pueda escuchar a Dios. El lector no busca ser visto, sino hacer visible la Palabra de Cristo en el corazón de la colectividad."

“Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.” (Lucas 11,28).

3. ¿Qué significa ser lector en la Iglesia?

Ser lector en la Iglesia no significa simplemente saber leer bien o tener una voz agradable. El lector ejerce un verdadero servicio dentro de la celebración litúrgica: presta su voz para que Dios mismo hable hoy a su pueblo.

Cuando se proclaman las lecturas durante la Santa Misa, no se está leyendo un texto cualquiera ni dando una conferencia. Es Dios quien continúa hablando a su Iglesia por medio de las Sagradas Escrituras. Por eso, el lector debe comprender que es un servidor de la Palabra y no el protagonista de la celebración.

El ministerio del lector tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia y forma parte de los ministerios instituidos para el servicio de la comunidad. Aunque muchas parroquias cuentan con lectores designados para este servicio sin haber recibido el ministerio instituido, todos están llamados a desempeñarlo con la misma dignidad, preparación y espíritu de fe.

Ser lector implica:

Ser un discípulo que escucha primero la Palabra antes de anunciarla.

Proclamar con fe, claridad y reverencia.

Ayudar a que la comunidad comprenda el mensaje de Dios.

Prepararse espiritual y técnicamente para cada celebración.

Vivir coherentemente aquello que proclama.

El lector no habla en nombre propio; es un instrumento mediante el cual Cristo sigue anunciando el Evangelio de la salvación.

Para reflexionar

Cuando alguien te diga: ¡Qué hermoso has leído!, agradece con sencillez y humildad. Acepta el cumplido, pero recuerda que tu voz es un instrumento al servicio de Dios. No te apropies del mérito; dirige siempre la gloria al Señor, porque el verdadero protagonista de la liturgia es Cristo, presente en su Palabra. Solo quien vive la Palabra puede proclamarla con autenticidad.

CITA BÍBLICA: "Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, que sean palabras de Dios." (1 Pedro 4,10-11)

¡Que el Señor nos bendiga y nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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lunes, 3 de agosto de 2026

 SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa No. 1

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

La Palabra de Dios es el alimento que ilumina la vida de la Iglesia. Cada vez que se proclama en la Santa Misa, Dios mismo habla a su pueblo. Por eso, quienes tienen la misión de anunciarla necesitan prepararse con fe, responsabilidad y amor.

En esta nueva serie iremos paso a paso descubriendo la importancia del:

MINISTERIO DEL LECTOR

su misión dentro de la celebración

su preparación espiritual

su actitud en el templo

el conocimiento de los libros litúrgicos,

la forma correcta de proclamar la Palabra y las herramientas necesarias para comunicarla con claridad y dignidad.

Pero esta formación no está dirigida solamente a quienes leen en la Misa. También es una invitación para toda la comunidad, porque todos estamos llamados a ser oyentes de la Palabra, a escucharla con atención, acogerla en el corazón y llevarla a la vida diaria.

Ser servidor de la Palabra implica mucho más que leer bien; significa convertirse en un instrumento para que Dios pueda hablar a través de nuestra voz. Y ser oyente de la Palabra significa abrir el corazón para dejar que el Señor transforme nuestra vida.

1.-El ministerio del lector: una misión, no un privilegio

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha reconocido la misión del lector como un servicio a la comunidad. Su tarea no es ocupar un lugar de honor, sino ser instrumento para que Dios hable a su pueblo a través de las Sagradas Escrituras.

El lector nunca es el centro de la celebración. El protagonista es Cristo, presente en su Palabra. Por ello, el lector evita llamar la atención sobre sí mismo mediante gestos innecesarios, improvisaciones o protagonismos. Su misión consiste en desaparecer para que resplandezca la voz de Dios.

Cada vez que sube al ambón, el lector representa a toda la Iglesia que anuncia la Palabra. Por eso debe hacerlo con humildad, recogimiento y conciencia de la responsabilidad que ha recibido.

Antes de anunciar la Palabra, el lector debe escucharla, meditarla y dejar que transforme su vida. Sólo así podrá transmitirla con autenticidad. Por eso, cada lectura requiere preparación, oración y comprensión del mensaje.

Ya sea como lector instituido o como laico designado para este servicio, la misión es la misma: proclamar la Palabra de Dios con espíritu de servicio y profunda reverencia.

Ser lector no significa tener un cargo de importancia ni buscar reconocimiento. Tampoco es una función reservada para quienes leen con una voz agradable o poseen facilidad para hablar en público. La Iglesia llama a este servicio a personas dispuestas a prepararse, a vivir su fe con coherencia y a proclamar la Palabra con dignidad, claridad y profundo respeto.

Iniciemos este camino con humildad, sabiendo que la Palabra de Dios no sólo se proclama con los labios, sino que primero debe ser escuchada y vivida con el corazón.

Cita bíblica "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta con toda paciencia y doctrina." (2 Timoteo 4,2)

¡Que el Señor nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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domingo, 2 de agosto de 2026

 "CONOCER EL TEMPLO ES APRENDER A ENCONTRARNOS CON DIOS Y VIVIR COMO IGLESIA."

8. El sagrario

El sagrario es el lugar más sagrado del templo, porque en él se reserva el Santísimo Sacramento: Jesucristo, verdadera y realmente presente en la Eucaristía. Allí se conservan las hostias consagradas para llevar la Comunión a los enfermos y para la adoración de los fieles.

¿Cómo reconocemos el sagrario?

Generalmente es un pequeño tabernáculo fijo, de metal o madera noble, ubicado en un lugar digno, visible y decoroso dentro del templo. Junto a él permanece encendida la lámpara del Santísimo, que indica la presencia de Jesús Sacramentado.

 Por esta razón,

El sagrario nos recuerda que el Señor permanece siempre con nosotros, esperando nuestra visita, nuestra oración y nuestra confianza. Entrar en una iglesia es también entrar al encuentro de Cristo, que nos espera silenciosamente en el Santísimo Sacramento.

Por eso, al ingresar al templo, es recomendable dirigir primero la mirada, nuestros pasos y el corazón hacia el sagrario. Allí está Jesús realmente presente en la Eucaristía. Antes de buscar un asiento, conversar con otras personas o realizar cualquier actividad, dediquemos unos momentos para saludar al Señor, agradecerle sus bendiciones, presentarle nuestras preocupaciones y abrirle nuestro corazón en la oración.

Del mismo modo, al retirarnos del templo, no debemos salir apresuradamente. Es un hermoso gesto de fe acercarnos espiritualmente una vez más al Señor para agradecerle el tiempo compartido en su presencia, pedir su bendición y renovar nuestro compromiso de vivir el Evangelio en la vida diaria.

La tradición de la Iglesia también nos invita a manifestar respeto y adoración al Santísimo Sacramento mediante la genuflexión, doblando la rodilla derecha ante el sagrario cuando el Santísimo se encuentra reservado en él. Este gesto expresa nuestra fe en la presencia real de Jesucristo.

Asimismo, cuando nos retiramos después de haber orado ante el sagrario, es recomendable hacerlo con recogimiento y respeto. Siempre que sea posible, se procura no dar inmediatamente la espalda al Santísimo Sacramento, sino retirarse con reverencia, manteniendo por unos instantes la mirada dirigida hacia el Señor, como quien se despide de una persona amada y presente.

Que cada visita al sagrario sea un verdadero encuentro con Jesús. Allí encontramos consuelo en las dificultades, fortaleza en las pruebas, luz para nuestras decisiones y paz para nuestro corazón. Él nos espera siempre, día tras día, con los brazos abiertos y con el mismo amor con que permanece entre nosotros en el Sacramento de la Eucaristía.

Reflexión

Cada vez que entremos en un templo, dirijamos primero nuestra mirada al sagrario. Allí está Jesús, vivo y presente, esperándonos con los brazos abiertos para escucharnos, fortalecernos y llenar nuestro corazón con su paz. Hagamos de la visita al Santísimo un momento de amor, silencio y oración.

Cita bíblica: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo." (Mateo 28, 20)

¡CONOCIENDO EL TEMPLO… CRECIENDO EN LA FE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Próximo tema: El ministerio del lector: una misión y no un privilegio.

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sábado, 1 de agosto de 2026

 "CONOCER EL TEMPLO ES APRENDER A ENCONTRARNOS CON DIOS Y VIVIR COMO IGLESIA."

3. EL PRESBITERIO

Según la Instrucción General del Misal Romano:

El presbiterio es el espacio elevado donde se encuentran el altar, el ambón y la sede del sacerdote. Su nombre proviene de la palabra presbítero, porque allí ejercen su ministerio el sacerdote, el diácono y los demás ministros.

Es el lugar donde se desarrollan los principales momentos de la celebración litúrgica. No es un escenario ni un lugar de tránsito, sino un espacio sagrado reservado para la celebración de los santos misterios.

Por ello, sólo acceden al presbiterio quienes desempeñan un ministerio o servicio litúrgico durante la celebración. Si existen otros accesos al templo, deben utilizarse para preservar el respeto y la dignidad de este lugar.

Fundamento espiritual: La Iglesia reserva el presbiterio para resaltar la dignidad del altar, del ambón y de la sede, ayudando a la asamblea a reconocer que allí se desarrolla la acción sagrada del sacrificio eucarístico.

Sólo quienes desempeñan un ministerio o servicio litúrgico, como el sacerdote, el diácono, los acólitos o monaguillos, los lectores, los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión y otras personas autorizadas para una función específica.

Quienes no tengan un ministerio litúrgico no deben subir al presbiterio ni utilizarlo como lugar de paso, para saludar, tomar fotografías o realizar actividades ajenas a la celebración.

Si existen otros accesos al templo, deben utilizarse para preservar el respeto y la dignidad de este espacio sagrado.

Fundamento espiritual

La iglesia reserva este espacio no para dar privilegios a algunas personas, sino para resaltar la dignidad del altar, del ambón y de la sede, y ayudar a toda la asamblea a comprender que allí se desarrolla la acción sagrada del sacrificio eucarístico.

Reflexión

Miremos siempre hacia el presbiterio con respeto, porque allí se hace presente el misterio de nuestra salvación.

4. El ambón

El ambón es el lugar reservado para el anuncio de la Palabra de Dios. Desde allí, Cristo mismo sigue hablando a su pueblo, por eso merece el mayor respeto y dignidad durante la celebración de la Santa Misa.

El ambón es un mueble litúrgico fijo y bendecido, ubicado en el presbiterio, desde donde se proclama la Palabra de Dios durante la celebración de la Santa Misa.

Desde el ambón se proclaman:

-          La primera lectura

-         El salmo responsorial

-         La segunda lectura

-         La aclamación al Evangelio (cuando corresponde)

-         El Evangelio

-         El Pregón Pascual (Exsultet), es un solemne anuncio de la Resurrección de Cristo que se canta o proclama durante la Vigilia Pascual, inmediatamente después de la bendición del fuego nuevo y del encendido del Cirio Pascual.

-         La homilía (puede hacerse desde el ambón o desde la sede)

-         Las intenciones de la oración de los fieles según la costumbre de cada parroquia.

El Pregón Pascual es proclamado ordinariamente por el diácono. En su ausencia, puede hacerlo el sacerdote o, si es necesario, un cantor competente; en este último caso se omiten las partes reservadas al ministro ordenado.

Desde el ambón resuena la voz de la Iglesia que anuncia la salvación. Allí se proclama la Palabra de Dios y, en la noche más santa del año, el Pregón Pascual anuncia con alegría la victoria de Cristo sobre la muerte y la luz de la Resurrección que ilumina al mundo.

¿Es lo mismo el ambón que un atril?

No. El ambón es un lugar litúrgico fijo y digno, representa la mesa de la Palabra, destinado exclusivamente para la proclamación de la Palabra de Dios. Desde la cual Dios habla a su pueblo.

El atril, en cambio, es un soporte o mueble móvil que puede utilizarse para avisos, comentarios, cantos u otras intervenciones, pero no sustituye al ambón, que tiene un significado propio dentro de la liturgia.

Cita bíblica: “Cuando Esdras abrió el libro, todo el pueblo se puso de pie."(Nehemías 8, 5)

Reverencia al ingresar al presbiterio: guía para lectores y ministros

Antes de entrar al presbiterio para desempeñar un ministerio litúrgico, debemos dirigir nuestra reverencia según la presencia del Santísimo Sacramento:

La Instrucción General del Misal Romano establece que la reverencia que realizan los ministros al ingresar al presbiterio depende de la ubicación del Santísimo Sacramento.

Si el Santísimo Sacramento está reservado en un sagrario ubicado dentro del presbiterio, los lectores y demás ministros hacen genuflexión antes de ingresar y al retirarse.

Si el sagrario se encuentra en una capilla aparte o en otro lugar fuera del presbiterio, los lectores y demás ministros hacen una inclinación profunda al altar antes de ingresar y al retirarse.

Este gesto no significa que se ignore la presencia de Jesús Sacramentado, sino que, al ingresar al presbiterio para ejercer un ministerio litúrgico, la reverencia se dirige al altar, que es símbolo de Cristo y el centro de la celebración eucarística.

De este modo, la Iglesia expresa con claridad el respeto debido tanto a la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento como al altar, donde se celebra el Sacrificio Eucarístico.

¿Cómo se hace la genuflexión?

La genuflexión consiste en doblar la rodilla derecha hasta tocar el suelo, manteniendo el cuerpo erguido y con recogimiento. Es un gesto de adoración reservado principalmente a Jesucristo realmente presente en el Santísimo Sacramento. Debe realizarse con calma, dignidad y devoción, evitando hacerlo de manera apresurada o mecánica.

Estos gestos no son simples normas de cortesía, sino expresiones de fe, respeto y amor hacia el Señor presente en su Iglesia.

Nota: Las personas que, por motivos de salud, edad avanzada o alguna limitación física, no puedan hacer genuflexión, pueden realizar una inclinación profunda en su lugar. Lo importante es que el gesto de reverencia se haga con fe, respeto y dignidad, según las posibilidades de cada persona. La Iglesia nunca exige un gesto que pueda poner en riesgo la salud o que resulte físicamente imposible.

Reflexión: escuchar la Palabra de Dios con atención es escuchar al mismo Cristo que nos habla hoy.

Cita bíblica "La Palabra de Dios es viva y eficaz." (hebreos 4, 12)

¡CONOCIENDO EL TEMPLO… CRECIENDO EN LA FE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Toque Espiritual

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