SERVIDORES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Serie Formativa No 2

Formación paso a paso para lectores y para toda la comunidad

2. Lo que la Iglesia nos enseña

La Instrucción General del Misal Romano señala que entre los ministros que ejercen una función litúrgica se encuentra el lector, a quien corresponde proclamar las lecturas que preceden al Evangelio y, cuando no hay salmista, también el salmo responsorial. Asimismo, indica que debe estar verdaderamente capacitado para desempeñar este ministerio, de modo que la asamblea desarrolle un amor vivo y eficaz por la Sagrada Escritura al escuchar su proclamación.

Compromisos de un buen lector

Reconocer que sirve a Dios y a la comunidad, no a sí mismo.

Preparar con anticipación cada lectura.

Orar y meditar el texto antes de proclamarlo.

Formarse continuamente en la Sagrada Escritura y en la liturgia.

Vivir con coherencia el mensaje que anuncia.

Servir con humildad, sin buscar aplausos ni reconocimiento.

Para reflexionar

"No subes al ambón para que te escuchen a ti; subes para que, a través de tu voz, el pueblo pueda escuchar a Dios. El lector no busca ser visto, sino hacer visible la Palabra de Cristo en el corazón de la colectividad."

“Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.” (Lucas 11,28).

3. ¿Qué significa ser lector en la Iglesia?

Ser lector en la Iglesia no significa simplemente saber leer bien o tener una voz agradable. El lector ejerce un verdadero servicio dentro de la celebración litúrgica: presta su voz para que Dios mismo hable hoy a su pueblo.

Cuando se proclaman las lecturas durante la Santa Misa, no se está leyendo un texto cualquiera ni dando una conferencia. Es Dios quien continúa hablando a su Iglesia por medio de las Sagradas Escrituras. Por eso, el lector debe comprender que es un servidor de la Palabra y no el protagonista de la celebración.

El ministerio del lector tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia y forma parte de los ministerios instituidos para el servicio de la comunidad. Aunque muchas parroquias cuentan con lectores designados para este servicio sin haber recibido el ministerio instituido, todos están llamados a desempeñarlo con la misma dignidad, preparación y espíritu de fe.

Ser lector implica:

Ser un discípulo que escucha primero la Palabra antes de anunciarla.

Proclamar con fe, claridad y reverencia.

Ayudar a que la comunidad comprenda el mensaje de Dios.

Prepararse espiritual y técnicamente para cada celebración.

Vivir coherentemente aquello que proclama.

El lector no habla en nombre propio; es un instrumento mediante el cual Cristo sigue anunciando el Evangelio de la salvación.

Para reflexionar

Cuando alguien te diga: ¡Qué hermoso has leído!, agradece con sencillez y humildad. Acepta el cumplido, pero recuerda que tu voz es un instrumento al servicio de Dios. No te apropies del mérito; dirige siempre la gloria al Señor, porque el verdadero protagonista de la liturgia es Cristo, presente en su Palabra. Solo quien vive la Palabra puede proclamarla con autenticidad.

CITA BÍBLICA: "Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, que sean palabras de Dios." (1 Pedro 4,10-11)

¡Que el Señor nos bendiga y nos haga fieles a su Palabra!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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