¡FELIZ
DÍA DEL SEÑOR!
Entonces
llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre
los espíritus impuros.
Les
ordenó que no llevaran nada para el camino, excepto un bastón; ni pan, ni bolsa,
ni dinero en el cinturón, sino que llevaran sandalias, y no dos túnicas.
Y les decía: "Dondequiera que entren en
una casa, quédense allí hasta que salgan de ese lugar. Y si en algún lugar no
los reciben ni los escuchan, al salir de allí, sacudan el polvo de sus pies en
testimonio contra ellos."
Ellos se fueron y proclamaron que la gente debía
arrepentirse.
Expulsaban a muchos demonios, ungían con
aceite a muchos enfermos y los sanaban.
Reflexión
Este
pasaje destaca la importancia de confiar en Dios y en su provisión. Jesús instruye
a llevar un estilo de vida sencillo y dependiente de la hospitalidad y la
providencia de Dios.
Como
nuestra fortaleza proviene de Dios, incluso en nuestra pobreza, basada en este Evangelio,
somos llamados a confiar en la providencia divina y a depender del Señor en
todas nuestras necesidades. A pesar de nuestras limitaciones y carencias
materiales, la gracia y el poder de Dios nos sostienen y nos capacitan para
llevar a cabo su misión. Nos recuerda que la verdadera fuerza no reside en
los bienes terrenales, sino en la fe y la confianza en el Señor, quien siempre
provee para sus hijos."
Aplicar en nuestra vida diaria
Mantener
una vida de oración regular, confiando en que Dios conoce tus necesidades y
proveerá en su tiempo perfecto.
Creer que Dios proveerá lo necesario para ti y
tu familia, incluso cuando las circunstancias parezcan adversas.
Aprender
a vivir con lo esencial, evitando el consumismo y el materialismo. Valora y
aprecia lo que tienes, por poco que sea
Desarrollar una actitud de contentamiento,
agradeciendo a Dios por las bendiciones, grandes y pequeñas, que recibes
diariamente.
Participar
activamente en la vida de tu comunidad religiosa y local. Comparte tus
bendiciones y recibe ayuda con humildad cuando lo necesites.
Practicar
la hospitalidad y la generosidad, dando de lo que tienes a los demás, confiando
en que Dios retribuye con creces lo que das con recursos.
Manejar
tus recursos financieros con sabiduría y responsabilidad, evitando deudas
innecesarias y ahorrando para el futuro.
Enfocarte
en lo que es verdaderamente importante, invirtiendo tu tiempo y recursos en
relaciones, crecimiento espiritual y servicio a los demás.
Aceptar
las dificultades y las pruebas como oportunidades para crecer en fe y carácter.
Confiar en que Dios está contigo en cada desafío.
Vivir
de manera que tu fe en la providencia de Dios sea evidente para los demás,
inspirando y fortaleciendo a aquellos que te rodean.
Ejemplo Práctico
-
Si estás pasando
por una situación económica difícil, en lugar de preocuparte excesivamente,
puedes hacer esto:
Orar
diariamente, pidiendo la ayuda y la guía de Dios.
Hacer un presupuesto
familiar ajustado a tus ingresos, priorizando lo esencial.
Buscar oportunidades para compartir con otros lo que tienes, aunque sea poco, y recibir ayuda cuando se te ofrezca.
¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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