Que cada actividad que emprendo sea como un encargo que Dios me hace. Que mis manos trabajen con diligencia y mi mente con sabiduría, reconociendo que todo lo que hago es una oportunidad para servir y glorificar al Creador.
En cada
tarea, grande o pequeña, que mi corazón esté lleno de gratitud y entrega,
entendiendo que mis habilidades y talentos son dones que provienen de lo alto.
Que mi esfuerzo sea una ofrenda de amor hacia aquel que me creó y me dio
propósito en este mundo.
Cuando
enfrento desafíos y dificultades, que mi fe se fortalezca, confiando en que
Dios está conmigo y me da la fuerza para superar cualquier obstáculo. Que mi
perseverancia sea guiada por la certeza de que estoy cumpliendo con su
propósito divino.
En los
momentos de éxito y logros, que mi corazón no se envanezca, sino que se
mantenga humilde, reconociendo que todo lo bueno que puedo alcanzar es por su
gracia y bendición. Que mi éxito sea una muestra de su favor y un testimonio de
su poder transformador en mi vida.
En las
interacciones con otros, que mis palabras y acciones reflejen el amor y la
compasión de Dios. Que pueda ser un reflejo de su luz y una fuente de
inspiración para aquellos que me rodean.
Que, en cada
día, en cada instante, tenga presente que soy una sierva o un siervo de Dios, llamado a
vivir con propósito y significado. Que cada actividad que realizo sea una oportunidad
para honrarle y llevar su amor a los demás.
En este
viaje terrenal, que mi vida sea una entrega constante, un camino de servicio y
devoción. Que cada paso que doy me acerque más a su voluntad y que mi vida sea
un eterno "Sí" a su llamado.
¡Que el
Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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