NO DEBEMOS ADORNARNOS CON FLORES AJENAS ANTE LOS DEMÁS, SINO, HAY QUE OFRECERLE A DIOS.
Todo lo bueno que podemos hacer en nuestras
vidas es un don de Dios. Nuestros talentos, habilidades y oportunidades son
dones que provienen del Creador, y es nuestra responsabilidad utilizarlos para
el bien y el servicio a los demás.
Cuando
realizamos buenas acciones o logramos algo positivo, no debemos enorgullecernos
o atribuirnos todo el mérito. En lugar de adornarnos con flores ajenas ante los
demás, debemos reconocer humildemente que cualquier cosa buena que hacemos es
gracias a la gracia y el poder de Dios que actúa en nosotros.
La humildad
es una virtud esencial en la vida espiritual. Reconocer que somos instrumentos
de la bondad divina nos ayuda a evitar la vanidad y la arrogancia. En lugar de
buscar el reconocimiento y la alabanza de los demás, debemos ofrecer nuestras
acciones y logros a Dios, como una forma de gratitud y devoción hacia Él.
En la
Biblia, el apóstol Pablo expresó esta perspectiva de humildad y gratitud en su
carta a los corintios: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su
gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos;
pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo." (1 Corintios 15:10)
Cuando nos
mantenemos conscientes de que todo lo que hacemos es un don de Dios, nuestra
perspectiva cambia. Nos volvemos más agradecidos y conscientes de la bondad
divina, y nuestra motivación para servir y hacer el bien se convierte en un
acto de amor y devoción hacia Aquel que nos da todo.
Ofrecer nuestras acciones y logros a Dios, reconociendo que todo lo
bueno en nuestras vidas es un don suyo, nos ayuda a vivir con humildad,
gratitud y propósito, y nos permite ser canales de Su amor y gracia hacia los
demás.
¡Que el
Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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