REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

EL PODER DE LA ORACIÓN DE UNA MADRE POR SUS HIJOS

La oración de una madre por sus hijos tiene una fuerza especial porque nace del amor, de la preocupación y de ese deseo profundo de verlos bien, aun cuando ellos ya sean adultos y hayan tomado sus propios caminos.

Una madre no siempre puede estar al lado de sus hijos. No puede evitar todas sus dificultades, tomar sus decisiones por ellos ni protegerlos de cada peligro. Pero puede ponerse de rodillas y ponerlos en las manos de Dios.

Hay momentos en que una madre no sabe qué hacer: cuando un hijo se aleja de la familia, cuando toma malas decisiones, cuando atraviesa una enfermedad, cuando tiene problemas en su matrimonio, cuando pierde el rumbo o cuando simplemente deja de escuchar.

Y entonces queda una puerta que nunca se cierra: la oración.

Una madre que ora no le dice a Dios solamente:

“Señor, dale a mi hijo lo que yo quiero”.

Le dice:

“Señor, cuida a mi hijo. Ilumina sus decisiones. Aléjalo del mal. Dale sabiduría para reconocer sus errores y humildad para volver a Ti. Y si yo no puedo llegar hasta él, llega Tú.”

Santa Mónica, modelo de oración por los hijos

Su vida nos recuerda que ninguna oración hecha con amor y fe es inútil. Quizá una madre ore hoy por un hijo que está alejado de Dios, por uno que ha tomado malas decisiones, por un hijo enfermo, por un matrimonio que está en dificultades o por un nieto que necesita orientación.

Santa Mónica nos enseña: no desesperar, no dejar de amar y no dejar de orar.

La vida de Santa Mónica está profundamente iluminada por la Biblia. Ella vivió en carne propia varias enseñanzas bíblicas sobre la oración, la perseverancia y la confianza en Dios.

Nos muestra el poder de una madre que confía en Dios. Santa Mónica oró durante años por la conversión de su hijo Agustín. No se cansó, no perdió la esperanza y sus lágrimas se transformaron en oración.

San Agustín llegaría a ser uno de los grandes santos de la Iglesia.

Por eso, madre, no te canses de orar por tus hijos.

Quizás hoy no veas cambios. Quizás ellos no sepan cuántas veces pronuncias sus nombres delante de Dios. Pero cada oración entregada con fe es una semilla.

“Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.” Proverbios 3,5

Cuando no puedas hablar con tu hijo, habla con Dios sobre tu hijo.

Cuando no puedas acompañarlo, pídele a Dios que lo acompañe.

Cuando no puedas protegerlo, entrégaselo a Dios.

Y recuerda algo muy importante: orar por un hijo no significa pedir que Dios haga exactamente lo que nosotros queremos; significa confiar en que Dios puede obrar en su vida de una manera que nosotros todavía no podemos comprender.

Oración de una madre por sus hijos

Señor, hoy pongo a mis hijos en tus manos.

Cuídalos donde yo no puedo llegar.

Protégelos de todo mal.

Dales sabiduría para escoger el camino correcto.

Pon buenas personas en su camino y aléjalos de aquello que pueda destruir sus vidas.

Si alguno está triste, dale consuelo.

Si alguno está enfermo, dale fortaleza.

Si alguno está perdido, muéstrale el camino.

Si alguno se ha alejado de Ti, toca suavemente su corazón.

Y a mí, Señor, dame paciencia para no desesperarme, sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio, y una fe grande para seguir confiando.

Madre María, cubre a mis hijos con tu manto y llévalos siempre hacia Jesús. AMÉN.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

 

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