REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

CUANDO LLEGA LA CRISIS MATRIMONIAL, ¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Una crisis matrimonial no significa necesariamente que el amor terminó. Muchas veces es una señal de que algo necesita ser atendido, hablado y sanado.

Cuando llega la crisis:

Detengámonos antes de tomar decisiones definitivas desde la rabia o el dolor.

Hablemos con sinceridad, pero sin insultos ni reproches.

Aprendamos a escuchar, no solamente a defendernos.

Reconozcamos nuestros propios errores y sepamos pedir perdón.

Busquemos ayuda cuando sólo no podemos resolver el problema.

Oremos juntos, poniendo nuevamente a Dios en el centro del hogar.

Protejamos a los hijos, evitando convertirlos en mensajeros o jueces del conflicto.

Y, cuando todavía sea posible, luchemos por sanar y reconstruir el vínculo.

La crisis puede convertirse en una oportunidad para descubrir qué hemos descuidado y comenzar nuevamente.

No se trata de volver a ser la pareja que éramos, sino de aprender a ser una pareja nueva, más madura, más comprensiva y más cercana a Dios.

“Sean humildes y amables; pacientes y sopórtense unos a otros con amor.” Efesios 4,2

No esperemos la ruptura para buscar la sanación

Pregunta para nuestro corazón:

¿Ante una crisis matrimonial estoy buscando culpables, o estoy buscando caminos para sanar?

Cuando aparecen: discusiones constantes; indiferencia; falta de comunicación; infidelidad; resentimiento; problemas económicos; dificultades con los hijos; alejamiento espiritual; hay que buscar acompañamiento.

Busca alguna comunidad cristiana católica que te ayude a proteger tu matrimonio.

No para juzgar. No para tomar partido. No para obligar a alguien a permanecer en una situación peligrosa.

Sino para acompañar, orientar, escuchar y ayudar a encontrar caminos de reconciliación cuando sea posible.

No esperemos a que el matrimonio llegue al límite para comenzar a cuidarlo. Las heridas pequeñas, cuando no se hablan ni se sanan, pueden convertirse en grandes distancias.

No esperemos una separación para decir “te amo”, ni una pérdida para reconocer cuánto significaba esa persona para nosotros.

Hablemos a tiempo, perdonemos a tiempo, pidamos ayuda a tiempo y volvamos a poner a Dios en el centro de nuestro hogar.

“Pero por encima de todo, tengan el amor, que es el vínculo perfecto.” Colosenses 3,14

“PORQUE MUCHAS VECES NO ES QUE EL AMOR HAYA MUERTO; ES QUE DEJAMOS DE CUIDARLO.”

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha 

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