REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL
CUANDO EL DINERO PROVOCA
DISCUSIONES EN EL HOGAR
El dinero es necesario para vivir, pero nunca debe
tener más valor que la paz y el amor de la familia. Cuando las dificultades
económicas llegan al hogar, pueden aparecer preocupaciones, reclamos,
comparaciones y hasta palabras que hieren profundamente.
A veces discutimos porque uno siente que da más, porque
otra gasta demasiado, porque las deudas aumentan o porque no alcanza para
cubrir las necesidades. Pero debemos recordar que el problema económico es de
la familia, no del esposo contra la esposa ni de la esposa contra el esposo.
El matrimonio es un equipo. Cuando falta el dinero, no
necesitamos buscar un culpable; necesitamos buscar juntos una solución. Hablar
con sinceridad, ordenar los gastos, establecer prioridades y tomar decisiones
de común acuerdo puede evitar muchas discusiones.
No permitan que una dificultad económica divida lo que
Dios unió. Cuando el dinero falte, que
sobre el diálogo; cuando haya preocupación, que haya comprensión; y cuando no
sepan qué hacer, recuerden que juntos pueden encontrar el camino.
No peleen contra quien tienen al lado; únanse para
enfrentar aquello que tienen delante. Porque en el hogar, el amor siempre debe
ser más grande que cualquier problema económico.
El dinero forma parte de nuestra vida cotidiana y es
necesario para cubrir las necesidades de la familia. Sin embargo, cuando se
convierte en motivo constante de discusiones, puede comenzar a afectar la
confianza, la comunicación y hasta el amor entre los esposos.
También es importante enseñar a nuestros hijos que la
felicidad de una familia no depende de cuánto tiene, sino de cuánto amor,
respeto y unidad existe en ella.
Muchas veces el problema no está solamente en cuánto
dinero hay, sino en cómo lo administramos y cómo hablamos de él. Las deudas,
los gastos inesperados, los diferentes criterios para gastar, el sentir que uno
aporta más que el otro o el ocultar una compra pueden generar resentimientos.
No se trata de buscar quién tiene la culpa, sino de
preguntarse: ¿Qué podemos hacer juntos para superar esta situación?
Es bueno sentarse, revisar los ingresos, ordenar los
gastos, establecer prioridades y tomar decisiones juntos. También es importante
aprender a distinguir entre lo necesario y lo que simplemente deseamos tener.
La Palabra de
Dios nos recuerda:
“Más vale un plato de legumbres con amor, que un buey gordo con odio.” Proverbios 15, 17
Esta palabra nos enseña que una mesa sencilla, cuando
está llena de amor, vale mucho más que una casa llena de cosas, pero vacía de
paz.
Pero debemos recordar algo importante: el esposo y la esposa no son enemigos; son compañeros de camino. En un hogar debe existir transparencia. Hablar de dinero no debería ser un tema prohibido
Y cuando los recursos no alcancen, no debemos permitir
que la frustración nos lleve a ofender, humillar o despreciar al otro. La
pobreza económica nunca justifica la pobreza de amor.
A veces tenemos poco dinero, pero tenemos una familia
que se abraza, una mesa donde compartir, salud para seguir adelante, manos para
trabajar y fe para no rendirnos. Hay riquezas que no se compran con dinero.
Mensaje para el corazón
No permitan que el dinero se convierta en el tercer
miembro de su matrimonio.
Cuando falte, hablen.
Cuando alcance, agradezcan.
Cuando haya deudas, enfréntenlas juntos.
Cuando uno se equivoque, corrijan sin humillar.
Y cuando tengan abundancia, no olviden compartir.
Porque al final de la vida, probablemente no
recordaremos cuánto dinero tuvimos, sino cuánto amor fuimos capaces de dar y
cuánta paz dejamos en nuestro hogar.
QUE
DIOS NOS ENSEÑE A ADMINISTRAR LO QUE TENEMOS CON SABIDURÍA, A VIVIR CON
SENCILLEZ Y, SOBRE TODO, A NUNCA PERMITIR QUE EL DINERO SEA MÁS IMPORTANTE QUE
LA FAMILIA.
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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