ESCUCHAMOS EL CELULAR MUCHAS VECES AL DÍA
Y HASTA POR LA NOCHE, CON SONIDOS QUE YA
SON DE NUESTRA COTIDIANIDAD, Y LO
ATENDEMOS DE INMEDIATO.
¿ESCUCHAMOS EL LLAMADO DE DIOS
DE LA MISMA MANERA?
En la era
moderna, los teléfonos móviles se han convertido en una parte integral de
nuestra vida cotidiana, y estamos constantemente atentos a sus notificaciones,
al emitir sonidos que nos llaman a prestar atención a mensajes, comunicaciones
y llamadas. Es fascinante notar cómo nos acostumbramos a responder de inmediato
a estos sonidos, incluso durante la noche, como si estuviéramos programados
para reaccionar automáticamente.
Sin embargo, cuando se traslada esta idea al ámbito espiritual y
religioso, la respuesta puede variar de una persona a otra.
Porque escuchar
el llamado de Dios implica un vínculo espiritual y una sensibilidad hacia lo
divino. Sin embargo, al reflexionar sobre esta respuesta instantánea a los
dispositivos electrónicos, surge la pregunta intrigante: ¿escuchamos el llamado de Dios de la misma manera? A diferencia de los tonos familiares de
nuestras aplicaciones, el llamado divino puede no manifestarse en un sonido
perceptible, sino en susurros de la conciencia, momentos de inspiración y
experiencias trascendentales.
En el ajetreo
diario, con nuestras mentes saturadas de ocupaciones y distracciones, a menudo
podemos perder la sutil voz espiritual que busca guiarnos. La sensibilidad
espiritual, al contrario que la inmediatez digital, se cultiva en la quietud,
en la pausa reflexiva y en la apertura a lo sagrado.
Así como nos
esforzamos por responder rápidamente a los mensajes importantes, la
atención al llamado de Dios implica un compromiso personal y activo. Requiere
momentos de silencio, oración y reflexión para sintonizar nuestra conciencia
con lo divino. Es un proceso gradual, a menudo revelándose a través de
experiencias profundas, eventos significativos o una sensación gradual de
conexión con algo más grande que nosotros mismos.
En este
contexto, el silencio y la reflexión no son sólo una pausa en el ruido del
mundo, sino un espacio donde podemos ser receptivos a la presencia divina. La
respuesta al llamado de Dios puede manifestarse en acciones cotidianas de
compasión, en la búsqueda de la virtud y en la construcción de una vida en
armonía con los principios espirituales.
En la
sociedad actual, estamos rodeados de distracciones y ocupaciones constantes.
Las preocupaciones diarias, las responsabilidades laborales y las interacciones
digitales pueden dificultar la atención a lo espiritual. Es importante
encontrar momentos de silencio y reflexión para sintonizarse con lo sagrado, si dejamos tan sólo un momento el celular. Hagamos la prueba...
“Que
el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja”
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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