el señor es mi pastos

nada me faltara

miércoles, 3 de enero de 2024

ESCUCHAMOS EL  CELULAR MUCHAS VECES AL DÍA 

Y HASTA POR LA NOCHE, CON SONIDOS QUE YA 

SON DE NUESTRA COTIDIANIDAD,  Y  LO

ATENDEMOS DE INMEDIATO. 


¿ESCUCHAMOS EL LLAMADO DE DIOS 

DE LA MISMA MANERA?

En la era moderna, los teléfonos móviles se han convertido en una parte integral de nuestra vida cotidiana, y estamos constantemente atentos a sus notificaciones, al emitir sonidos que nos llaman a prestar atención a mensajes, comunicaciones y llamadas. Es fascinante notar cómo nos acostumbramos a responder de inmediato a estos sonidos, incluso durante la noche, como si estuviéramos programados para reaccionar automáticamente.

Sin embargo, cuando se traslada esta idea al ámbito espiritual y religioso, la respuesta puede variar de una persona a otra.

Porque escuchar el llamado de Dios implica un vínculo espiritual y una sensibilidad hacia lo divino. Sin embargo, al reflexionar sobre esta respuesta instantánea a los dispositivos electrónicos, surge la pregunta intrigante: ¿escuchamos el llamado de Dios de la misma manera?  A diferencia de los tonos familiares de nuestras aplicaciones, el llamado divino puede no manifestarse en un sonido perceptible, sino en susurros de la conciencia, momentos de inspiración y experiencias trascendentales.

En el ajetreo diario, con nuestras mentes saturadas de ocupaciones y distracciones, a menudo podemos perder la sutil voz espiritual que busca guiarnos. La sensibilidad espiritual, al contrario que la inmediatez digital, se cultiva en la quietud, en la pausa reflexiva y en la apertura a lo sagrado.

Así como nos esforzamos por responder rápidamente a los mensajes importantes, la atención al llamado de Dios implica un compromiso personal y activo. Requiere momentos de silencio, oración y reflexión para sintonizar nuestra conciencia con lo divino. Es un proceso gradual, a menudo revelándose a través de experiencias profundas, eventos significativos o una sensación gradual de conexión con algo más grande que nosotros mismos.

En este contexto, el silencio y la reflexión no son sólo una pausa en el ruido del mundo, sino un espacio donde podemos ser receptivos a la presencia divina. La respuesta al llamado de Dios puede manifestarse en acciones cotidianas de compasión, en la búsqueda de la virtud y en la construcción de una vida en armonía con los principios espirituales.

En la sociedad actual, estamos rodeados de distracciones y ocupaciones constantes. Las preocupaciones diarias, las responsabilidades laborales y las interacciones digitales pueden dificultar la atención a lo espiritual. Es importante encontrar momentos de silencio y reflexión para sintonizarse con lo sagrado, si dejamos tan sólo un momento el celular. Hagamos la prueba...

“Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja”

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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