TE COMPARTO UNA VIVENCIA. AYER ME VISITÓ UNA ABUELA MUY AFLIGIDA Y CUENTA SU HISTORIA QUE VIVE CON UN NIETO ADOLESCENTE, AL QUE CRIÓ DESDE LOS DOS AÑOS.
Y
LO PRIMERO QUE DIJO: ¡TENGO MUCHO MIEDO!…
Escuchar a alguien que está pasando por un momento
difícil y que expresa su miedo debe ser para nosotros, un acto de compasión y
empatía importante. Cuando alguien te cuenta que tiene miedo, es fundamental
escuchar con atención y ofrecer apoyo.
Hay formas en las que puedes responder a una persona afligida que
expresa su miedo, porque el miedo puede ser una emoción abrumadora, y a veces
simplemente compartirlo con alguien de confianza puede ser un alivio.
Decirles que no soy psicóloga, pero cuando comenzó a
contar lo que sucede en su hogar la escuché activamente, prestándole atención
completa a lo que decía y demostrarle que estaba interesada en su historia y
sus sentimientos. Te digo algo, hay que evitar interrumpir y permitir que la
persona se exprese libremente. También hay que ser compasivo, al mostrarle
empatía y comprensión hacia sus sentimientos. En ese momento le dije
"Siento mucho lo que está pasando", para demostrarle que me
preocupaba su bienestar.
Le ofrecí mi apoyo y le pregunté si hay algo
específico en lo que pueda ayudar o si necesita hablar más sobre sus
preocupaciones. Se iba por la parte legal, pero emocionalmente la vi sobresaltada. A veces, el simple hecho de saber que alguien está dispuesto
a escuchar, puede ser reconstituyente.
No hay que minimizar los sentimientos, hay que
evitar decir estas frases como "No tienes por qué tener miedo" o
"No te preocupes" “Ya pasará” … En su lugar, hay que validar sus
emociones y decirle que es normal sentir miedo en determinadas situaciones.
Pues, me atreví a decirle que hacía dos días atrás yo tenía mucho miedo por
ciertas razones. Pero le hice notar que es necesario tener fe y confianza en el
Señor y si el miedo está siendo presa de ella como quiso hacerlo conmigo, pues
hay que afrontar los desafíos y las dificultades de la vida.
La animé a buscar ayuda profesional fuera de lo
legal, porque noté la gravedad de su estado tanto físico como emocional y que estaba interfiriendo en su calidad de vida
de adulta mayor, consideré un paso importante para abordar sus preocupaciones.
Se fue, pero la noté un poco sosegada, porque hubo la escucha activa, ayuda profesional y hasta la
ayuda espiritual.
Es natural tener momentos de miedo y duda, incluso
para aquellos que tienen una fe profunda. La fe no necesariamente significa que
nunca experimentemos miedo o incertidumbre, ya que las emociones humanas son
complejas y pueden ser influenciadas por diversas circunstancias.
La fe puede proporcionar consuelo y esperanza en
momentos difíciles, y para muchas personas, tener confianza en un poder
superior que da fortaleza y seguridad, en que todo sucederá, según un plan divino
y puede ayudar a reducir el miedo a lo desconocido.
El hecho de reflexionar un poco sobre la relación
con nuestra fe y la confianza en Dios, es recordar que Dios es nuestra
fortaleza y refugio incondicional, la verdad les digo que es muy reconfortante
en momentos de miedo, somos humanos y experimentamos inseguridades de vez en
cuando. Porque la fe es un viaje y una práctica continua, es útil orar, meditar
y reflexionar para fortalecer la confianza en Dios.
¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos
proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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