¡ERES LA SAL DE LA TIERRA Y LA LUZ DEL MUNDO!
TOMA TU BIBLIA Y LEE: Mt. 5, 13-16
Eres la Sal de la Tierra y la Luz del Mundo,
siguiendo el ejemplo de Jesús y viviendo una vida virtuosa y en servicio a los
demás, puedes contribuir a dar sabor a la vida y prevenir la corrupción en el
mundo, un cáncer que anda a galopes. Al ser un reflejo de la luz divina, puedes
ayudar a iluminar a otros y dar Gloria a Dios Padre.
Ser la Sal de la Tierra y la Luz del Mundo
significa ser un faro de esperanza y guía para aquellos a tu alrededor. Como un
cristalino ejemplo de virtud y bondad, puedes inspirar a otros a seguir tus
pasos y vivir una vida plena y significativa. Al hacerlo, estás dando sabor a
la vida y protegiendo a la sociedad contra la corrupción y el mal. En última
instancia, estás contribuyendo a crear un mundo mejor y más justo para todos, siempre
dando Gloria a Dios Padre.
¿SOY SAL QUE DA SABOR A LA VIDA Y EVITA LA
CORRUPCIÓN DE ELLA? ¿SOY
LUZ QUE ILUMINA A LA GENTE PARA QUE DÉ GLORIA A DIOS PADRE?
Si la
humanidad deja de seguir los valores y enseñanzas de las Bienaventuranzas y
pierde el sabor y la bondad que deben caracterizar su existencia, es probable
que se produzcan consecuencias negativas y perjudiciales para la sociedad y el
mundo en general.
La falta
de luz y guía moral puede conducir a la
corrupción, la injusticia, la violencia y la destrucción. Sin la influencia
positiva de la Sal de la Tierra y la Luz del Mundo, el mundo puede perder su
sabor y su ternura, y las personas pueden sufrir consecuencias negativas en su
vida personal y colectiva.
Por lo tanto, es importante que cada persona
asuma su papel como Sal de la Tierra y Luz del Mundo y trabaje para vivir una vida honesta
y ayudar a otros a hacer lo mismo, así, estamos cumpliendo con nuestra credencial
como Sal de la Tierra y Luz del Mundo y, al mismo tiempo, glorificando a Dios Padre en el cielo.
Como mujeres y hombres en esta sociedad, tenemos
que dar sabor a la humanidad y conservarla con nuestras acciones, con nuestra manera de vivir, con la solidaridad a flor de piel.
Y es muy importante recordar, que
la luz que tenemos dentro de nosotros no debe ser escondida, sino que
debe ser compartida y utilizada para el bien de los demás y para LA GLORIA DE DIOS.
Mirtha Villarroel Hurtado
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