MES DE MARÍA, DÍA 16
DÍA 16: Este hombre está chiflado
San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor de María Auxiliadora, pero no tenía nada
de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para
conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día
le dijo a la Virgen:
¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo
que tú me has pedido... ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?
Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra
en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era
bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los
dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:
Si yo pudiera sentirme aliviado, haría
algo por usted.
Muchas gracias; su deseo llega en el
momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.
Está bien; obténgame siquiera un alivio,
y a fin de año se las daré.
Es que yo las necesito ahora mismo.
El enfermo cambia con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a don Bosco,
le dice:
¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo
al Banco Nacional, negociar unas cédulas... ¡Ya ve!, es imposible.
No, señor, es muy posible replica Don Bosco mirando su reloj. Son las dos de la
tarde... Levántese, vístase y vamos allá
dando gracias a María Auxiliadora.
¡Este hombre está chiflado! Protesta el viejo entre las cobijas. Hace
tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que
me levante? ¡Imposible!
Imposible para usted, pero no para Dios...
¡Ánimo! Haga la prueba...
Al rumor de las voces han acudido varios parientes, la habitación está llena.
Todos piensan de don Bosco lo mismo que el enfermo: que está chiflado.
Traigan la ropa del señor, que va a vestirse, dice Don Bosco, y hagan preparar
el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros, recemos. Llega el médico.
¿Qué imprudencia está por cometer, señor mío?
Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; se arroja de la cama y
empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes,
sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don
Bosco.
- ¡Cochero, al Banco Nacional! Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres
años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil
liras.
Quien
confía en Ti, Madre, jamás se queda sin recibir tu ayuda. Pero no estoy seguro
de poderte decir lo que te dijo Don Bosco: ¡Madre mía! Yo he hecho tantas
veces lo que tú me has pedido... Pero a
partir de ahora, sí que podré decírtelo. Pero ayúdame: quiero, sinceramente,
saber lo que me pides. Yo confié en ti un 24 de mayo, que es tu día, María
Auxiliadora y hace 35 años cuando me
enfermé con cáncer, un diagnóstico de sólo dos años de vida, te prometí
recorrer domicilios con tu imagen, rezando el Santo Rosario y lo cumplí.
Nuevamente vuelve el cáncer hace tres años y afiancé mi fe y sigo rezando...y
algo más, por si fuera poco, hace siete meses,
fui sometida a una cirugía a corazón abierto ¡Y tú qué me diste a
cambio!, la sanación del alma y el amor para aceptar a mi ángel de la
enfermedad. Ahora vivo y te puedo escribir y decirte, que sin tu ayuda Madre
Mía, mi vida no tendría sentido. Si
confiamos en María, si rezamos el Rosario a diario, tengamos la seguridad, que la
Virgen será nuestra intercesora en la hora de la muerte.
Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo
de lo que has leído.
Después termina con la oración final.
Adaptado del texto escrito por José Pedro Manglano Castellary (Sacerdote)


Comentarios
Publicar un comentario