MES DE MARÍA. DÍA 15
DÍA 15: El rezo del Rosario
Santo Domingo de Guzmán, predicó y propagó mucho el
rezo del Santo Rosario, y el
pueblo inmediatamente aceptó esa devoción, entonces creció por todas partes la
fe y el espíritu religioso, mientras al
mismo tiempo las actividades y amenazas de los herejes disminuyeron.
Cuenta una biografía suya que un día le llevaron un pobre hombre endemoniado. El Santo puso el
rosario que llevaba en el cuello de este hombre y después preguntó a los
demonios que le poseían:
De todos los Santos del cielo, ¿cuál es el que más teméis?
Los demonios se negaron a responder, debido a que había mucha gente delante y
no querían revelar en público a quién tenían miedo. Como Santo Domingo
insistió, una y otra vez, al final contestaron en voz alta:
La
Santísima Virgen; nos vemos obligados a confesar que ninguno de los que
perseveren en su servicio se condenará con nosotros; uno solo de sus suspiros
vale más que todas las oraciones, las promesas y los deseos de todos los
santos. Muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse,
según las leyes ordinarias, se salvan por su intercesión. Si no se hubiera
opuesto a nuestro esfuerzo hace mucho tiempo, tendríamos derribada y destruida
a la Iglesia entera. Santo Domingo hizo rezar el rosario a todo el pueblo, y al
fin los demonios salieron del hereje, dando aspavientos.
“Un pueblo
que reza unido, es un pueblo convertido”
Además; decirles que no existe problema
que no pueda ser solucionado por
el Santo Rosario y por nuestros
sacrificios.
Decía el Santo Cura d’ Ars, como también San
Bernardo.
“He convertido más gente por el rezo del “ Dios te
Salve María“, que por mis predicaciones…
¡Qué suerte ser tu hija, tu hijo Virgen María!
Ahora sí, que puedo decirte digo con toda la paz que siento en mi corazón, que
no tengo miedo a nada ni a nadie. Pero sí tengo miedo a una cosa: a vivir sin
Ti, como si fuese huérfano. Encárgate Tú, por favor, de que eso no suceda, te
lo pido de todo corazón. ¡Gracias, Madre mía!
Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo
que has leído. Después termina con la oración final.
Adaptado del texto escrito por José Pedro Manglano
Castellary (Sacerdote)

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