VIVAMOS LAS OBRAS DE MISERICORDIA. Segunda parte

En el tema anterior conocimos qué son las obras de misericordia y descubrimos que no se limitan a una lista de buenas acciones, sino que constituyen un verdadero camino para vivir el Evangelio. Por ello, les dejé la tarea de leerlas, reflexionar sobre ellas y pensar cómo pueden ponerlas en práctica en su vida cotidiana.

Ahora es momento de compartir lo aprendido. Cada obra de misericordia es una oportunidad para amar a Jesús, presente en cada persona que necesita de nosotros.

Muchas veces creemos que para hacer el bien debemos realizar cosas extraordinarias, cuando en realidad las obras de misericordia comienzan con pequeños gestos: escuchar con paciencia a quien está triste, visitar a un enfermo, compartir un alimento, enseñar con cariño, perdonar una ofensa o rezar por quienes atraviesan momentos difíciles.

Cada día Dios nos presenta ocasiones para practicar la misericordia. En nuestra familia, en el trabajo, en el colegio, con los vecinos, en la parroquia o incluso con personas que no conocemos o recién conocimos sus necesidades, siempre habrá alguien que necesite una palabra de aliento, una mano amiga o una oración.

Recordemos que las obras de misericordia no nacen sólo de la generosidad humana, sino del amor que Dios ha derramado en nuestro corazón. Cuando actuamos con misericordia, nos parecemos más a Cristo y hacemos visible su presencia en el mundo.

Que esta enseñanza del Señor Jesús nos anime a hacer del servicio, la solidaridad y la misericordia un estilo de vida.

Al final de nuestra vida, el Señor no nos preguntará cuántos bienes acumulamos, sino cuánto amamos y cuánto hicimos por nuestros hermanos. Cada obra de misericordia realizada con amor es un encuentro con Cristo, presente en quien más nos necesita.

Mi madre solía decir que las obras de misericordia son el "pasaporte para el cielo". Con el tiempo comprendí que esa expresión nace del Evangelio: no compran el cielo, pero manifiestan una fe viva que se traduce en amor al prójimo.

No busquemos el reconocimiento de los hombres. Dios ve hasta el gesto más pequeño hecho con amor. Como la viuda del Evangelio, que ofreció dos monedas y fue alabada por Jesús, lo que da verdadero valor a nuestras obras no es la cantidad, sino la generosidad del corazón.

Que cada día podamos decir: "Señor, quizá no hice todo lo que hubiera querido, pero lo poco que hice, procuré hacerlo con amor y sin esperar recompensa, porque todo era para Ti."

“El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él le recompensará su buena obra." Libro de los Proverbios

Los invito a que, a asumir un compromiso, a hacer de un pequeño acto de amor la transformación de la vida de otra persona y también la nuestra.

Oración

Señor Jesús, abre mi corazón para reconocer las necesidades de quienes me rodean. Hazme generoso para compartir, humilde para servir y misericordioso para perdonar. Que cada obra de amor que realice sea un reflejo de tu presencia en mi vida. Amén.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog