LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO...
PASO 11. El Señor, ten
piedad (Kyrie)
Después del acto penitencial, toda la asamblea invoca
la misericordia de Cristo diciendo: "Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad."
La palabra Kyrie significa precisamente
"Señor" en griego. Con esta antigua oración reconocemos a Jesús como
nuestro Salvador y le pedimos que siga derramando su amor y su misericordia
sobre nosotros.
No es una repetición sin sentido; es un clamor
confiado al corazón misericordioso de Cristo.
Cita
bíblica: «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.» (Lucas 18,38)
PASO 12. El Gloria
El Gloria es un hermoso himno de alabanza que la
Iglesia canta desde los primeros siglos. Con él damos gloria a Dios Padre,
reconocemos a Jesucristo como el Cordero de Dios y proclamamos la grandeza del
Espíritu Santo.
Se canta o se recita los domingos fuera del tiempo de
Adviento y Cuaresma, así como en las solemnidades y fiestas. Mientras lo
rezamos, nuestro corazón se une al canto de los ángeles en el nacimiento de
Jesús: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor."
No lo recemos de memoria solamente; alabemos a Dios
con alegría y gratitud.
Cita
bíblica: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra gracia y paz a los
hombres.” (Lucas 2,14)
PASO 13. La
oración colecta
Después del Gloria (cuando corresponde), el sacerdote
invita a la asamblea diciendo:
"Oremos."
En ese momento, todos guardamos un breve silencio. Es
una oportunidad para presentar en nuestro corazón nuestras intenciones,
preocupaciones, alegrías y necesidades, uniéndolas a la oración de toda la
Iglesia.
Luego, el sacerdote eleva una oración llamada colecta.
Recibe este nombre porque "recoge"
o "reúne" las oraciones de todos los fieles y las presenta a Dios
Padre en nombre de toda la comunidad.
La oración colecta cambia según el día, el tiempo
litúrgico o la fiesta que se celebra. En ella pedimos a Dios la gracia
necesaria para vivir el misterio que estamos celebrando.
Al finalizar, respondemos con un "Amén" firme y consciente. Con esa respuesta hacemos
nuestra la oración pronunciada por el sacerdote y expresamos nuestra confianza
en que Dios escucha las súplicas de su pueblo.
La oración colecta concluye los Ritos Iniciales y nos
dispone a escuchar con un corazón abierto la Palabra de Dios, que será
proclamada en la Liturgia de la Palabra.
Que cada vez que escuchemos la invitación
"Oremos", aprovechemos ese breve silencio para poner toda nuestra
vida en las manos del Señor, confiando en su amor y misericordia.
Cita bíblica: “Donde
dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
(Mateo 18, 20)
Mañana, ¡Los
espero en el próximo Toque Espiritual, si Dios lo permite!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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