LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASOLITURGIA DE LA PALABRA 

Las lecturas bíblicas, el salmo responsorial, el Evangelio y la homilía, forman una unidad que nos ayuda a conocer la voluntad de Dios, fortalecer nuestra fe y preparar nuestro corazón para la Liturgia Eucarística.

PASO 17. El Aleluya

 Es la aclamación que precede o se antepone al Evangelio.

 Después, el lector o el cantor proclama el versículo antes del Evangelio, tomado de la Sagrada Escritura, y la asamblea vuelve a responder:

 La forma más sencilla es:  V. Aleluya, aleluya. R. Aleluya, aleluya.

La palabra Aleluya es un canto de alegría y alabanza porque estamos a punto de escuchar a Jesucristo que nos habla en el Santo Evangelio.

Importante: Durante el tiempo de Cuaresma, el Aleluya no se canta ni se dice. En su lugar se utiliza otra aclamación antes del Evangelio, como signo del carácter penitencial de ese tiempo litúrgico.

“¡Aleluya! Alaben al Señor desde los cielos; alábenlo en las alturas.” (Salmo 148, 1)

18. Aclamación del Santo Evangelio y las tres pequeñas cruces

Antes de escuchar el Evangelio, nos ponemos de pie para cantar el Aleluya, una palabra que significa "Alaben al Señor". Durante la Cuaresma, el Aleluya se sustituye por otra aclamación propia de ese tiempo litúrgico.

Con este canto manifestamos nuestra alegría porque Jesucristo va a hablarnos en el Evangelio. Nos ponemos de pie como signo de respeto y de disponibilidad para escuchar al Señor, ya que es Él quien nos habla por medio del diácono o del sacerdote.

No estamos escuchando solo un relato del pasado. Es Cristo vivo quien hoy nos habla y nos invita a seguirlo con fidelidad.

El Evangelio es el momento culminante de la Liturgia de la Palabra, porque en él escuchamos la vida, las enseñanzas y las obras de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el sacerdote o el diácono anuncia: "Lectura del Santo Evangelio según San…," todos hacemos tres pequeñas cruces con el pulgar:

En la frente: para que la Palabra de Dios ilumine nuestra mente.

En los labios: para proclamar el Evangelio con nuestra palabra.

En el pecho o corazón: para guardar y vivir el mensaje de Cristo en nuestro corazón.

Mientras hacemos estas cruces, al finalizar el Evangelio   respondemos con fe y gratitud:

Gloria a ti, Señor.”

Este gesto nos recuerda que el Evangelio no es un libro cualquiera, no estamos escuchando sólo un relato del pasado. Es Cristo vivo quien hoy nos habla y nos invita a seguirlo con fidelidad.

Es Cristo quien habla a su Iglesia. Por eso lo escuchamos de pie, con atención, respeto y un corazón dispuesto a vivir lo que Él nos enseña.

Cita bíblica: «El que es de Dios escucha las palabras de Dios.» (Juan 8, 47).

PASO 19.  La homilía

Después de la proclamación del Santo Evangelio, el sacerdote o el diácono pronuncia la homilía. Es la explicación de la Palabra de Dios y de los textos de la celebración, para ayudarnos a comprender su mensaje y ponerlo en práctica en nuestra vida.

La homilía no es una conferencia, una charla ni una opinión personal del sacerdote. Es un momento en el que Cristo continúa enseñando a su Iglesia por medio del ministro ordenado, iluminando nuestra fe y animándonos a vivir el Evangelio.

Durante la homilía debemos escuchar con atención, guardar silencio y abrir el corazón a lo que Dios quiere decirnos. No es momento para conversar, distraerse o usar el celular, sino para dejar que la Palabra transforme nuestra vida.

Cada homilía es una invitación a crecer en la fe, a corregir lo que está mal y a seguir más de cerca a Jesucristo.

Cita bíblica: «La palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que espada de dos filos; penetra hasta lo más profundo del alma.» (hebreos 4, 12)

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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