LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…
Ritos Iniciales
PASO 8. La veneración del altar
¿Por qué lo
hace? Porque el altar representa a Cristo, la piedra angular de la Iglesia.
Además, es el lugar sagrado donde se renovará sacramentalmente el único
sacrificio de Jesús en la cruz y donde el pan y el vino se convertirán en su
Cuerpo y su Sangre.
El beso al altar
es un gesto de amor, respeto y veneración a Cristo. Si en el altar se conservan
reliquias de santos, ese beso también expresa comunión con quienes siguieron
fielmente al Señor y dieron testimonio de su fe.
En las
celebraciones más solemnes, el sacerdote también inciensa el altar. El incienso
simboliza el honor debido a Cristo y representa la oración de la Iglesia que se
eleva hacia Dios.
Al finalizar la Santa Misa, antes de retirarse, el
sacerdote vuelve a besar el altar. Con este gesto concluye la celebración dando
gracias al Señor por el misterio eucarístico que se ha celebrado.
Cada vez que contemplemos el altar, recordemos que es
el centro de la celebración de la Santa Misa. Desde él, Cristo nos alimenta con
su Palabra y con su Cuerpo, y nos invita a vivir unidos a Él.
Que al entrar en el templo miremos siempre el altar
con respeto y fe, porque allí se realiza el mayor milagro de amor: Jesús se
entrega por nuestra salvación.
Cita bíblica: «La piedra que desecharon los
constructores es ahora la piedra angular.» (Salmo 118, 22)
PASO 9. La señal de la cruz y el saludo inicial
La Santa Misa comienza en el nombre de la Santísima
Trinidad. Cuando hacemos la señal de la cruz recordamos que pertenecemos a
Cristo y renovamos nuestra fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es un
gesto que debe hacerse con respeto, sin prisa y con devoción.
Después, el sacerdote nos saluda diciendo: "El Señor esté con ustedes",
y la asamblea responde: "Y con tu
espíritu". Con este saludo comienza oficialmente la celebración,
recordándonos que Cristo está presente en medio de su pueblo reunido.
Cita
bíblica: “Los saludan todos los santos.” (2 Corintios 13,13)
PASO 10. El acto penitencial
Antes de escuchar la Palabra de Dios y participar en
el Sacrificio Eucarístico, reconocemos humildemente que somos pecadores y
necesitamos la misericordia del Señor. No es un momento para sentir miedo, sino
para abrir el corazón al perdón de Dios.
Al rezar el "Yo confieso" o cualquiera de
las otras fórmulas penitenciales, pedimos perdón por nuestros pecados y nos
disponemos a celebrar dignamente la Santa Misa.
Cita
bíblica: «Si reconocemos nuestros pecados, Él es fiel y justo para
perdonarnos.» (1 Juan 1,9)
Mañana, si Dios lo
permite, continuaremos con un nuevo tema de La Belleza de la Santa Misa. Los
invito a seguir acompañando Toque
Espiritual y a compartir estas enseñanzas.
¡QUE JESÚS
EUCARISTÍA NOS BENDIGA!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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