LA VIDA COMO REGALO, LA FE COMO CAMINO”
“Hoy no sólo cumplo años, también renazco en mi fe”
Hoy me
levanté más temprano que otros días, casi como si mi alma necesitara comprobar
algo muy simple pero profundamente valioso: que amanecí con vida, que
respiro, que sigo aquí por la Gracia del Señor. Porque muchas veces, en
cada cumpleaños, pasaba por mi mente ese pensamiento silencioso: “quizá
al próximo año ya no estaré”. Sin embargo, la misericordia de Dios es
tan infinita, tan amorosa y tan fiel, que me regala un día más, un año más, una
oportunidad más.
Y entiendo
entonces que cada día tiene un propósito. Hoy, por ejemplo, muy tempranito puedo
seguir compartiendo con más de un centenar de personas la Palabra del Señor, enviando
el evangelio, de sembrar, aunque sea una pequeña semilla en la vida de otros. Y
me pregunto: ¿escucharán todos? Tal
vez no. Pero también me respondo con
esperanza: si lo hacen cinco, si lo hacen diez, entonces el Señor ya tocó
sus corazones, y esa semillita, con el tiempo y por su gracia, seguirá
creciendo.
Hoy no digo
que es mi cumpleaños para recibir felicitaciones ni para llamar la atención. Lo
digo porque quiero agradecer a Dios. ¡Gracias, ¡Señor, por la vida!! ¡Gracias por
tu compañía por tu sentida presencia constante!, incluso cuando no la noto.
Gracias por
mi familia, por tenerlos cerca, por su amor que me sostiene.
Gracias por
el esposo que pusiste en mi camino, compañero en este viaje, apoyo en cada
etapa.
Gracias por
el regalo maravilloso de la maternidad, por mis tres hijos que son parte de mi
propósito. Y por la continuidad de la vida a través de mis nietos.
Gracias por toda la gente que me rodea y demuestra su cariño.
Y aún más te
doy gracias, Señor, porque todavía puedo servir, porque aún tengo manos para
ayudar, palabras para consolar y un corazón dispuesto a amar.
Hoy también
reflexiono. Pienso en lo que pude hacer y no hice, en lo que dejé pasar, en las
veces que falté en amor o en caridad. Por eso, con humildad, te pido perdón,
Señor.
Perdón por mis errores, por mis omisiones, por
no haber sido siempre instrumento de tu luz.
Pero aquí
estoy, nuevamente, con el corazón abierto. Dispuesta a seguir tu voluntad. Te
pido que sigas guiando mi vida, mi camino y mi destino. Que no me falte la
fuerza para servir al necesitado, para escuchar al que sufre, para dar sin
esperar nada a cambio.
Que esa luz
que tú encendiste en mí no se apague, sino que brille más fuerte cada día,
iluminando a quienes se crucen en mi camino, especialmente a aquellos que aún
no te conocen o que han perdido la fe.
Hoy puedo
incluso alzar la voz y decirlo con alegría: ¡GRACIAS, SEÑOR, POR LA VIDA!. No
para buscar protagonismo, sino para recordarme a mí misma que estoy aquí por un
propósito, y para que otros sepan que siempre pueden encontrar en mí una mano
amiga, una palabra sincera, una pequeña ayuda y que todo lo que podamos hacer viene
por la Gracia del Señor, el Dador de la vida.
Porque
mientras haya vida, hay misión. Y mientras haya fe, hay esperanza.
“El gran amor del Señor nunca se
acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades;
¡muy grande es su fidelidad!” Lamentaciones 3, 22-23
Con esta cita
bíblica quiero expresar mi gratitud por un nuevo comienzo en este día.
¡Que el Señor
nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
Comentarios
Publicar un comentario