NO PERMITAS QUE TUS OCUPACIONES APAGUEN TU ORACIÓN

Muchas veces creemos que por estar ocupados trabajando, ayudando a los demás o cumpliendo nuestras responsabilidades, estamos haciendo suficiente. Sin embargo, incluso las obras más buenas pueden dejarnos vacíos si descuidamos nuestra relación con Dios. Lo comparto por experiencia propia.

Que el trabajo no te haga abandonar la oración

Hace apenas unos días viví una experiencia que me hizo reflexionar profundamente. Por distintas ocupaciones y porque me quedé dormida un poco más de lo habitual, dejé de hacer varias de mis oraciones, porque ya tengo una rutina diaria. No fue una ausencia prolongada, apenas un par de días con menos tiempo dedicado al Señor. Sin embargo, para mí fue suficiente para sentir algo que no me gustó: una sensación de vacío, de desconexión interior.

Quienes tenemos una querencia de oración sabemos que no se trata de cumplir una obligación, sino de mantener viva una relación. Así como una amistad se debilita cuando dejamos de conversar, nuestra relación con Dios también necesita ese encuentro diario, ese momento de intimidad donde presentamos nuestras alegrías, preocupaciones, proyectos y dificultades.

El trabajo es importante. Las responsabilidades son necesarias. Las obras de caridad son valiosas. Pero ninguna de ellas puede sustituir la oración. Incluso Jesús, siendo el Hijo de Dios, buscaba momentos de silencio para retirarse a orar. Después de predicar, sanar y servir a las multitudes, se apartaba para estar a solas con su Padre.

 A veces el enemigo no necesita alejarnos de Dios mediante grandes pecados. Le basta con mantenernos tan ocupados que terminemos diciendo: "Hoy no tengo tiempo para rezar". Y un día sin oración se convierte en dos, luego en una semana, y poco a poco el alma comienza a enfriarse.

La oración no nos quita tiempo; nos da fuerza para aprovechar mejor el tiempo. Nos ayuda a tomar decisiones acertadas, a conservar la paz en medio de las dificultades y a recordar que no caminamos solos.

Por eso, aunque el trabajo sea mucho, aunque existan preocupaciones o compromisos urgentes, nunca abandonemos la oración. Quizás algunos días podamos rezar menos que otros como me pasó, pero no dejemos de buscar al Señor. Una breve conversación con Dios hecha con amor vale más que muchas actividades realizadas olvidándonos de Él.

Hoy quiero invitarte a revisar tu propia vida. ¿Qué lugar ocupa la oración en tu día? ¿Es lo primero que sacrificas cuando estás ocupado? Recordemos que las obras y el trabajo son importantes, pero la fuente que alimenta todo lo demás es nuestra unión con Dios.

Primero la oración que fortalece el alma, y luego la acción que transforma el mundo.

"Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura." (Mateo 6, 33)

Porque no se trata solamente de rezar mucho, sino de vivir siempre unidos al Señor.

"Estén siempre alegres, oren sin cesar." (1 Tesalonicenses 5, 17)

¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

Comentarios

Entradas populares de este blog