HOMENAJE PÓSTUMO AL PADRE JUAN VEGA BALDIVIEZO  

Guía espiritual de los Centinelas del Divino Niño (2005–2025)

Hoy rendimos un sentido homenaje póstumo a un hombre de Dios, un pastor de almas, un amigo entrañable y nuestro guía espiritual durante veinte años: el querido Padre Juan Vega.

Su caminar junto a los Centinelas del “Divino Niño” fue silencioso pero firme, lleno de ternura, cercanía y entrega. Compartimos con él, no sólo celebraciones litúrgicas, sino también jornadas solidarias, visitas a los enfermos a los moribundos, a las comunidades especialmente su amada Pantipampa, donde todos lo querían y lo respetaban profundamente. Ahí conocimos su tierra, su casa de infancia, el lugar donde nacieron sus sueños, donde se fue gestando esa vocación santificada que lo acompañó toda su vida.

El Padre Juan, no sólo nos hablaba de Dios, nos lo mostraba con su vida de santidad. Nos contaba con amor de su familia, de sus hermanas, de sus padres; de cómo llegó a que su vocación por el sacerdocio fuera una realidad, nos abría el corazón con una amistad sincera y una disponibilidad total al servicio del prójimo. Tenía un carisma impresionante, un alma grande, una sonrisa serena y una humildad que hablaba más que mil sermones.

Nunca observamos en él distinción o exclusión alguna, para él, todos éramos iguales ante los ojos del Padre. Su ejemplo nos deja una enseñanza clara: como Centinelas, debemos continuar orando como él nos enseñó, y más aún, actuando con la sencillez, empatía y humildad que él vivió hasta el final.

Enfrentó con fortaleza cristiana su enfermedad, que poco a poco lo fue llevando al encuentro definitivo con el Padre Celestial, en ese momento sagrado que solo Dios controla, porque solo Él dispone del tiempo exacto para llamarnos a su presencia. Aun en la fragilidad de su cuerpo, su espíritu permaneció firme, fiel, y lleno de fe.

Hoy, el Padre Juan vuelve a la Casa del Padre Celestial, pero su presencia sigue viva entre nosotros. Su legado no termina, nos inspira a amar más, servir mejor y vivir con fe auténtica.

Gracias, querido Padre Juan, por habernos acompañado, por habernos guiado, por habernos amado con el corazón de Cristo.

Su vida nos marcó profundamente y su partida nos compromete aún más a vivir la fe con coherencia y alegría.

Desde lo más profundo del alma, los CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO, elevamos una plegaria al cielo y le decimos con lágrimas y esperanza:

¡Gracias infinitas! ¡Gracias eternas! ¡Su memoria será siempre bendita y su nombre, imborrable en nuestro caminar!

Eterna gratitud, querido Padre Juan. Descanse en la paz del Señor.

 

 

 

 

 

 

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