DESDE UNA PERSPECTIVA PERSONAL SOBRE LA SITUACIÓN DE BOLIVIA Y LA SUSPENSIÓN DE LA SUBVENCIÓN A LOS CARBURANTES.
el señor es mi pastos
nada me faltara
domingo, 21 de diciembre de 2025
Bolivia atraviesa uno de
los momentos más complejos de su historia reciente. Durante más de veinte años,
la subvención a los carburantes fue sostenida como un mecanismo para aliviar el
costo de vida de las familias. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta
política terminó convirtiéndose en una pesada carga para el Estado: debilitó
las finanzas públicas, favoreció el contrabando, alimentó redes de corrupción y
facilitó actividades ilícitas como el narcotráfico. El país, aunque resistía,
lo hacía sobre bases frágiles.
El pueblo boliviano soportó
estos flagelos con paciencia y sacrificio. Vivió con dificultades, pero también
con la esperanza de que algún día la situación pudiera cambiar. En ese
contexto, el nuevo gobierno decide modificar el rumbo y decretar la suspensión
de la subvención a los carburantes, una medida dura, impopular y dolorosa, pero
planteada como necesaria para evitar un colapso mayor y sentar las bases de una
recuperación futura.
Es comprensible que la
población sienta temor e incertidumbre. La subida de los carburantes afecta
directamente a las familias, aprieta los presupuestos del hogar y, casi de
inmediato, genera especulación y un aumento en la canasta familiar y de
transporte. Negar ese impacto sería insensible. Nadie está ajeno al sufrimiento
cotidiano que estas decisiones generan, especialmente en los sectores más
vulnerables.
Sin embargo, también es
importante entender que no todas las medidas difíciles son injustas, ni todas
las decisiones impopulares son equivocadas. Hay momentos en la historia de un
país en los que seguir postergando cambios solo profundiza el problema.
Corregir una economía dañada requiere sacrificios compartidos, transparencia y,
sobre todo, tiempo.
Preocupa que, en medio de
este escenario, surjan sectores que impulsan la desestabilización, el
enfrentamiento y la división entre bolivianos. La confrontación no resolverá la
crisis económica, ni aliviará el costo de vida. Por el contrario, solo debilita
al país y agrava el sufrimiento colectivo.
Hoy, más que nunca, Bolivia
necesita unidad, diálogo y responsabilidad. Esto no significa renunciar a la
crítica ni al derecho a exigir justicia social, sino comprender que el futuro
del país no se construye desde el caos, sino desde el esfuerzo conjunto. Si el
sacrificio es real, también debe serlo el compromiso del Estado de combatir la
corrupción, proteger a los más vulnerables y garantizar que este camino difícil
tenga resultados concretos.
Las familias se verán más
apretadas, sí, pero enfrentar esta etapa unidos puede marcar la diferencia
entre un país que se hunde y uno que se reconstruye. Bolivia no saldrá adelante
si unos avanzan mientras otros intentan derribar. Sólo saldrá adelante si
camina como un solo pueblo, con memoria del pasado, conciencia del presente y
esperanza en el futuro.
Como recuerda la Biblia, en
un mensaje que invita a la convivencia y a la paz:
“Si es posible, en cuanto
dependa de ustedes, vivan en paz con todos” (Romanos 12,18)
Que este tiempo difícil sea
también una oportunidad para reencontrarnos como nación, fortalecer nuestra
solidaridad y enfrentar juntos los desafíos que vienen, con firmeza, paciencia
y fe en un mañana mejor.
“Que el Señor nos bendiga y
la Virgen nos proteja “
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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