PAPA FRANCISCO HA USADO LA PALABRA "MISERICORDIAR"

Esa es una poderosa enseñanza que nos invita a reflejar la misericordia de Dios en nuestras vidas. La frase proviene de Lucas 6,27-38, y resalta la importancia de ser misericordiosos con los demás, tal como Dios lo es con nosotros.

Para enfatizar que la misericordia no es sólo un sentimiento, sino una acción concreta, algo que debemos vivir y practicar en nuestro día a día. Él ha invitado a todos a ir más allá de simplemente mostrar compasión y a "misericordiar", es decir, a ser agentes activos de la misericordia de Dios, llevando esa bondad y perdón a quienes más lo necesitan.

Este concepto resalta la importancia de actuar con ternura y compasión, de mostrar a los demás la misericordia que Dios nos ofrece a nosotros. Es un llamado a ser generosos en el perdón y a no quedarnos solo con palabras, sino a ponerlas en práctica.

Que, al misericordiar, podamos ver en cada rostro a nuestro hermano mendigo, enfermo, falta de amor y solidaridad aquel que vive en la soledad y en cada gesto de bondad, un reflejo de su amor infinito.

Aprendamos a perdonar sabiendo aún cuán difícil es, a dar sin esperar nada a cambio, y a llevar la paz a aquellos que viven en conflicto o en desesperanza. Que nuestra misericordia no se agote, sino que se renueve cada día, y que al ponerla al servicio de los demás, seamos testigos del milagro de la transformación que  el Señor puede obrar en nosotros y en el mundo.

Como nos enseña el Papa Francisco, pidamos al Señor que nos ayude a “misericordiar” con nuestros hermanos, a no sólo sentir compasión, sino a acercarnos sin recelos, llevar nuestro  amor, fe, alegría y perdón en cada acción. Que nuestras vidas reflejen la infinita misericordia, y que, al ayudar a los demás, podamos también acercarnos más a de Dios. Él que nos has mostrado con su vida el poder de la misericordia, hoy nos invita a llevarla al servicio de aquel que más nos necesita.

Debemos entender que la misericordia no tiene límites, que puede llegar hasta los rincones más oscuros del corazón humano, donde el dolor, la tristeza y la soledad se hacen presentes. Que nuestra compasión no sea sólo un sentimiento pasajero, sino una fuerza viva que nos impulse a actuar, a tender la mano sin mirar su historia ni sus errores.

Que la compasión, empatía, la solidaridad, se conviertan en el motor de nuestras acciones, que cada día podamos acercarnos más al Señor a través del servicio generoso a los demás, y que, al mostrar su misericordia, podamos hacer de este mundo un lugar más justo y lleno de amor,  que podamos reflejar la bondad y la paciencia en cada encuentro con los más necesitados.

Y que, al ser misericordiosos con los demás, nuestras acciones también, se conviertan en un acto de amor radical que puede sanar, restaurar y construir puentes entre las personas.

“Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja”

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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