SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS: EL ESPÍRITU SANTO, DON DE DIOS PARA EL MUNDO
Hoy
celebramos la gran SOLEMNIDAD DE
PENTECOSTÉS, el día en que el ESPÍRITU
SANTO descendió sobre los apóstoles reunidos con María en el Cenáculo.
Aquel grupo lleno de miedo salió con valentía a anunciar el Evangelio.
Pentecostés no es sólo un recuerdo del pasado; es una realidad viva que sigue
renovando a la Iglesia y al mundo.
La Palabra de Dios nos dice:
“Todos
quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas,
según el Espíritu les concedía expresarse.” Hechos 2,4
EL ESPÍRITU SANTO ES LA TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. Él
es fuerza, consuelo, luz y guía. Lo recibimos por primera vez en el Bautismo, donde nacemos a la vida nueva como
hijos de Dios. Luego, en el sacramento de
la Confirmación, recibimos la plenitud de sus dones para ser testigos
valientes de Cristo.
Los Siete Dones
del Espíritu Santo
El profeta
Isaías nos habla de los dones que el Espíritu derrama sobre los creyentes (cf.
Isaías 11,1-2)
Sabiduría: para gustar y amar las cosas de
Dios.
Entendimiento: para comprender la Palabra y la
verdad divina.
Consejo: para elegir el bien y ayudar a otros a
encontrarlo.
Fortaleza: para vencer el miedo y permanecer
firmes en la fe.
Ciencia: para reconocer la presencia de Dios en la
creación y en la vida.
Piedad: para vivir como verdaderos hijos de Dios y
hermanos entre nosotros.
Temor de Dios: no miedo, sino respeto amoroso
hacia Dios y deseo de no apartarnos de Él.
Estos dones
no son adornos espirituales; son fuerzas vivas que transforman el corazón
humano.
Los Frutos del Espíritu Santo
Cuando
dejamos actuar al Espíritu en nuestra vida, aparecen sus frutos. San Pablo los
enumera así:
“El fruto del
Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre y dominio de sí.” Gálatas
5,22-23
Donde reina
el Espíritu Santo hay amor en lugar de odio, paz en lugar de violencia,
comprensión en lugar de división.
Un mensaje para mi patria hoy convulsionada
Hoy nuestra
patria vive momentos de dolor, enfrentamientos e incomprensión. Muchas veces
las palabras hieren más que construir; el egoísmo divide y la indiferencia
enfría el corazón de los pueblos.
Pentecostés
nos recuerda que el Espíritu Santo une lo que el pecado divide. Los hombres de
muchas lenguas pudieron entenderse porque el amor de Dios estaba presente.
Nuestro país necesita nuevamente ese milagro: escuchar, dialogar, respetar y
buscar el bien común.
No habrá
futuro para una nación donde reine el odio. El Espíritu Santo nos invita a ser
artesanos de reconciliación, sembradores de paz y defensores de la verdad con
caridad.
Pidamos hoy
con mucho fervor:
Espíritu
Santo, danos sabiduría para gobernar con justicia.
Danos
fortaleza para no caer en la violencia.
Danos consejo
para buscar caminos de unidad.
Danos amor
para reconocernos como hermanos.
Que María,
Madre de la Iglesia, que estuvo presente en Pentecostés, acompañe a nuestra
patria y nos enseñe a abrir el corazón al Espíritu de Dios.
“VEN,
ESPÍRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO
DE TU AMOR.” AMÉN.
¡Que el Señor
nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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