PERSISTIR EN LA ORACIÓN, PERSEVERAR EN LA FE, CONFIAR Y ESPERAR

“Cuando el corazón se llena de angustia y las respuestas no llegan, recuerda las palabras de Padre Pío: “Ora, espera y no te preocupes”. Dios trabaja incluso en el silencio. Lo que hoy parece imposible, mañana puede convertirse en testimonio de fe.”

Hay momentos en la vida en que oramos y parece que el cielo guarda silencio. Pedimos por la salud de un ser querido, por la conversión de un hijo, por trabajo, por paz en la familia o por la solución de un problema que parece no tener salida. Entonces surgen las dudas, el cansancio y la tentación de abandonar la oración.

Dios nunca abandona a sus hijos. Aunque no siempre responda de inmediato, Él obra en el momento oportuno y de la manera que más conviene para nuestra salvación.

Persistir en la oración significa seguir llamando a la puerta de Dios aun cuando no veamos resultados inmediatos. Cada oración es una semilla que cae en tierra fértil. Algunas germinan rápido; otras necesitan tiempo para dar fruto.

Perseverar en la fe es creer incluso cuando las circunstancias parecen contrarias. La fe no consiste en ver para creer, sino en creer para poder ver la obra de Dios manifestarse en nuestra vida.

Confiar es poner nuestras cargas en las manos del Señor y reconocer que Él sabe más que nosotros. Muchas veces queremos respuestas inmediatas, pero Dios contempla toda nuestra historia y conoce lo que realmente necesitamos.

Esperar no es quedarse de brazos cruzados; es caminar con esperanza, sabiendo que Dios está actuando, aunque nuestros ojos todavía no lo perciban. La espera cristiana está llena de confianza y de paz.

Hoy, si estás atravesando una prueba, no abandones la oración. Sigue rezando. Sigue creyendo. Sigue esperando. El Señor escucha cada lágrima, conoce cada preocupación y jamás llega tarde. Su tiempo es perfecto.

"Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias. “Colosenses 4, 2

Cuando la respuesta de Dios tarda, nuestra fe crece; cuando la prueba se prolonga, nuestra esperanza se fortalece; y cuando todo parece imposible, la gracia de Dios comienza a abrir caminos donde el ser humano no ve salida. Por eso, como enseñaba el Padre Pío: Ora, confía, espera y deja que Dios haga el resto.  Persistir en la oración, perseverar en la fe, confiar y esperar

ORACIÓN

Señor mío y Dios mío:

Hoy vengo ante Ti con el corazón abierto, con mis alegrías y mis preocupaciones, con mis certezas y también con mis dudas. Tú conoces cada necesidad de mi vida, cada lágrima derramada en silencio y cada petición que llevo guardada en el alma.

Señor, enséñame a persistir en la oración cuando el cansancio me quiera vencer; a buscarte cada día con la confianza de un hijo que sabe que su Padre siempre escucha.

Ayúdame a perseverar en la fe cuando no comprenda tus caminos, cuando las respuestas parezcan tardar y cuando las dificultades intenten apagar la esperanza que Tú has sembrado en mi corazón.

Dame la gracia de confiar plenamente en Ti, sabiendo que tus planes son mejores que los míos y que tu amor jamás me abandona. Que no me domine la angustia ni el miedo, porque Tú caminas a mi lado en cada momento de mi vida.

Señor, enséñame también a esperar con paciencia, a aceptar tus tiempos y a reconocer tu presencia aun en medio de las pruebas. Que nunca deje de creer que estás obrando, incluso cuando mis ojos no alcancen a verlo.

Te encomiendo a los enfermos, a quienes sufren, a los que han perdido la esperanza, a las familias que atraviesan dificultades y a todos aquellos que hoy necesitan una señal de tu amor.

Que el ejemplo de los santos, especialmente del Padre Pío, nos recuerde siempre que debemos orar, confiar y esperar, porque Tú jamás abandonas a quienes ponen su vida en tus manos.

En Ti deposito mis preocupaciones, mis sueños y mi futuro. Que se haga tu santa voluntad y no la mía. Amén.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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