CUANDO DIOS PERMITE QUE SUPEREMOS UNA PRUEBA, TAMBIÉN NOS LLAMA A AYUDAR A OTROS A CRUZARLA: CARTA A LA MUJER QUE LUCHA Y A LA QUE AÚN PUEDE PREVENIR

A ti, mujer…

A ti que hoy estás sana y crees que el tiempo es infinito.

Y a ti que estás luchando, sosteniendo el miedo con una sonrisa cansada.

Te escribo desde la vida. Soy sobreviviente de cáncer de mama. Dos veces.

Y hubo un momento en que pensé que mi historia terminaba antes de tiempo.

Creí que mi juventud se truncaba, que mis sueños quedarían inconclusos, que mis hijos crecerían sin mí, que mi familia quedaría sostenida sólo por el dolor y los recuerdos.

Sentí miedo. Mucho miedo. Pero en medio de ese miedo, encontré algo más fuerte: la presencia de Dios. Cuando todo parecía incierto, Él permaneció.

Cuando mi cuerpo fallaba, mi fe se levantaba. Cuando mis fuerzas no alcanzaban, su misericordia me sostenía.

Hoy entiendo que no estuve sola ni un solo instante.

No creo que haya sido casualidad. Yo siempre digo: es providencia.

Haber enfrentado el cáncer, haber sentido miedo, haber pensado que todo terminaba…y aun así seguir aquí, no puede ser sólo para mí.

Hoy entiendo que cada prueba superada tiene un propósito.

Dios no sólo me sostuvo en el dolor, también me dejó una misión:

extender la mano a quien hoy está donde yo estuve.

A la mujer que tiene miedo. A la que duda en hacerse un examen.

A la que acaba de recibir un diagnóstico y siente que el mundo se le cae.

Si yo pude cruzar ese camino, puedo acompañar a otras a cruzarlo también.

A ti, mujer que aún puede prevenir:

no postergues tu vida. Revísate. Escúchate. Atiéndete.

Cuidarte también es un acto de amor… y de fe.

Dios te dio un cuerpo, y también la responsabilidad de protegerlo.

Y a ti, mujer que estás luchando: no te rindas. Aunque el camino sea duro,

aunque haya días oscuros, aunque el miedo quiera instalarse en tu corazón…

Dios sigue contigo.

Tu historia no está escrita por el diagnóstico.

Está escrita por la esperanza, por la fe y por la gracia.

Si estás pasando por circunstancias difíciles, tu historia no termina aquí.

Este capítulo no define todo tu libro.

Hay páginas que aún no has escrito…

y Dios sigue escribiendo contigo.

Abraza la esperanza, aunque sea pequeña.

Confía, incluso cuando no entiendas.

Y permite que otros te sostengan cuando tú no puedas.

Yo sobreviví.

Y no fue solo por tratamiento, fue también por fe, por amor…y por la misericordia infinita de Dios.

Hoy, a mis 74 años, puedo decirlo con certeza:

el cáncer no tuvo la última palabra. Dios sí.

Si hoy puedes, di en silencio:

“Señor, no entiendo, pero confío”.

Quien te escribe es una mujer que luchó… y que sigue agradeciendo cada día,

porque si aún tengo vida es por la misericordia del Señor.

Porque cuando Dios nos levanta, no es sólo para que sigamos caminando,

sino para que ayudemos a otros a levantarse.

Y si mi historia puede tocar una vida, si puede impulsar a una mujer a revisarse a tiempo, si puede dar esperanza a quien está luchando…entonces todo lo vivido tiene sentido.

No dejes que el miedo te detenga.

Deja que te impulse a cuidarte.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Con amor

tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

Comentarios

Entradas populares de este blog