DÍA 4
ANTES DE EMPEZAR EL TRATAMIENTO
La primera
vez no sabía sobre el tratamiento contra el cáncer, pensé que todo sería
rápido, que me dirían “tienes esto” y
al día siguiente comenzaría la cirugía u otros tratamientos. Después de días de
estudios, de espera, de preguntas… crucé esa línea invisible entre el
“diagnóstico” y la “acción”.
Pero primero
vino la biopsia, momento en el que toman una muestra y tú solo piensas: “¿Será
o no será?”. esa prueba no es sólo para confirmar, es para conocer exactamente
a qué me estoy enfrentando.
Resultado de la biopsia (informe de patología) Aquí te dicen:
si es cáncer
o no
qué tipo de
cáncer es
qué tan
agresivo puede ser
Este informe fue la base de todo lo demás.
Después vinieron
más estudios.
No porque
quieran hacerte esperar, sino porque necesitan ver hasta dónde está la
enfermedad, cómo se comporta, qué tipo es.
Es duro,
porque una quiere actuar ya…
Luego vino la
cirugía, pasado un mes me aplican la radioterapia y pasado dos meses la
quimioterapia. Ese fue un proceso, que lo viví paso a paso.
Pero no todos
los tratamientos son iguales para todas.
Cada cuerpo,
cada cáncer, cada historia… es diferente.
No voy a
mentir: tuve miedo. Miedo a lo que viene, a lo desconocido, a cómo voy a
sentirme. Pero también una sensación nueva… como si por fin estuviera haciendo
algo para enfrentar una batalla desconocida.
Esto que te
cuento es para que te prepares para luchar de la mejor manera posible. Como te
dije, siempre confiando en el Señor.
Todo es
extraño al principio. Los espacios, las máquinas, el personal que ya está
acostumbrado a esto… pero, yo no.
Me explicaron cada paso.
Cómo funciona
el tratamiento, cuánto tiempo tomará, qué puedo sentir después.
Y aunque
escuchaba todo, una parte de mí seguía en silencio… procesando. Hay momentos en
los que una quiere salir corriendo.
Pero también
hay algo que me sostuvo, la idea de que este tratamiento no es mi enemigo. Es
mi oportunidad para estar con vida y lo hacía más que todo por mis hijos.
Hay que entender
que el tratamiento no es solo físico. También es mental.
Vi a otras
personas. Cada una en su propia batalla. Y de alguna forma, sin hablar, nos
entendíamos.
Saber que
estás con esta enfermedad es aceptar, es respirar profundo, es confiar en Dios,
en los médicos, aunque no se tengan todas las respuestas que tu mente exige. Confía…
¡Que el Señor
nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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