UN ESTADO LAICO, PERO UN PUEBLO CON FE

Desde la aprobación de la Constitución de 2009, Bolivia se declaró un Estado laico, lo que significa que el Estado no adopta ni privilegia una religión específica.

Esa decisión buscó garantizar la libertad de culto para todos los ciudadanos: católicos, evangélicos, musulmanes, judíos o personas sin religión. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa laicidad se malinterpretó.

Se confundió neutralidad con ausencia de Dios.

Y en nombre de la separación entre Iglesia y Estado, se retiraron crucifijos, Biblias e imágenes religiosas de las escuelas, oficinas públicas y actos oficiales.

Durante dos décadas, se fue borrando de los espacios públicos la presencia simbólica del Señor que, por generaciones, había guiado a nuestro pueblo.

 El laicismo no es negar a Dios

Ser un Estado laico no significa vivir sin fe, sino garantizar la libertad de creer.

Ninguna constitución puede borrar lo que está grabado en el alma de un pueblo.

Bolivia nació mirando al cielo, confiando en Dios, en la Virgen y en los valores del Evangelio.

Por eso, aunque se retiren los símbolos, no se puede relegar a Dios, porque Él ocupa el primer lugar en la vida de quien cree.

VEINTE AÑOS DE SILENCIO ESPIRITUAL

Durante estos veinte años, hemos visto cómo se debilitaba el valor del respeto, la honestidad, la compasión.

No porque el pueblo haya dejado de creer, sino porque desde las instituciones se quiso separar la moral de la fe.

Pero un país sin oración, sin rezo, sin conciencia espiritual, pierde su rumbo.

Porque los pueblos no sólo se gobiernan con leyes; se sostienen con principios, con amor, con verdad, con esperanza.

Y todo eso nace de Dios.

volver a Dios, no como imposición, sino como camino, verdad y vida.

Hoy, al volver a colocar el Crucifijo y la Santa Biblia en la Cámara de Diputados, no se está retrocediendo:

se está recordando que la fe es el alma del pueblo boliviano.

Se trata de volver a reconocer que ninguna constitución puede ocupar el lugar que le pertenece a Dios.

Y que solo con su guía, con su palabra y con su bendición, una nación puede caminar hacia la justicia y la paz.

“Podrán quitar los símbolos, pero no podrán borrar la fe del corazón del pueblo. Porque cuando un país se arrodilla ante Dios, se levanta con esperanza”.

Los pueblos no sólo se gobiernan con leyes; se sostienen con principios, con amor, con verdad, con esperanza. “La justicia engrandece a la nación” (Proverbios 14,34)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel

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